Cristina Kirchner ordenó que esa fórmula respete tres premisas básicas: evitar caer en default, ofrecer a los holdouts un pago equivalente al que reciben los bonistas que entraron el canje 2005 y 2010, y, de no aceptar esta propuesta, negociar un acuerdo conveniente para el país.
En la Casa Rosada y en Economía confiaron ayer a LA NACION que "no está descartada" una misión negociadora y que "todo está abierto". Incluso, algunas fuentes dejaron trascender que funcionarios de Economía y abogados locales podrían viajar el fin de semana para comenzar a trabajar con el equipo legal de Cleary Gottlieb, el estudio que representa al país en la causa de los bonistas que no entraron al canje de deuda.
"Pero todo está en el aire y sujeto a una decisión final de la Presidenta", dijeron a LA NACION en Balcarce 50. Sin embargo, Cristina Kirchner podría endurecer hoy su discurso o dar precisiones sobre la estrategia durante el acto por el Día de la Bandera en Rosario, previsto para después de las 14 (ver página 12).
La única voz pública del Gobierno fue ayer la del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. "No hay misión ni comitiva preparada para viajar a los Estados Unidos", dijo el ministro en su habitual conferencia de prensa. Sus voceros confirmaban anoche que "eso es lo único que está firme" como postura oficial.
Capitanich no se privó de criticar a Griesa y dijo: "Promueve profundamente el desequilibrio y eso no es justicia. Su fallo es fulminar la reestructuración. La voluntad de pago de la Argentina no puede ser puesta en duda ni por Griesa ni por nadie".
La orden fue radicalizar la postura ante los fondos buitre. Ello se inscribe en una estrategia negociadora de endurecimiento. Anteanoche, Economía había emitido un comunicado en el que informó que la decisión de la justicia norteamericana de levantar el amparo que protegía a la Argentina de pagar a los buitres provocaría la imposibilidad de cumplir con el pago del bono Discount, que vence el 30 de junio, a los bonistas reestructurados de los canjes 2005 y 2010.
Ésa era una amenaza de caer en default, algo que según se supo ayer no está en los planes de Cristina Kirchner. Un ministro dijo a LA NACION: "No vamos a entrar en default de ninguna manera". Sin embargo, por orden de Cristina, Capitanich había planteado por la mañana que no se preveía una misión para viajar a Estados Unidos, lo cual generó preocupación en los mercados: hizo caer los títulos líderes en la Bolsa de Comercio y subió el tipo de cambio (ver página 11).
Quizás por ello, por la tarde algunos voceros de Axel Kicillof, en medio de un extremo hermetismo, se limitaron a decir: "Se analizan múltiples opciones y no se confirma ni deniega ninguna opción".
Todos en la Casa Rosada descuentan que tarde o temprano habrá una misión negociadora. La orden de la Presidenta a Kicillof fue armar una propuesta con tres premisas básicas, que el ministro estudiará durante todo el fin de semana:
l No entrar en default con los bonistas reestructurados en 2005 y 2010.
l Ofrecer a los fondos NML y Aurelius un pago equivalente al de esos bonistas. Sería el punto de partida de la negociación; los buitres no aceptarían cobrar con igual quita teniendo un fallo firme por el total.
l En caso de rechazo, negociar un menú de alternativas y fórmulas beneficiosas: dividir los pagos, estirar los plazos, emitir bonos y quedar lejos de los 1500 millones de dólares.
En la Casa Rosada aseguraron que Kicillof estudiará durante el fin de semana diversas alternativas. Algo seguirá hablando hoy con Cristina durante el viaje a Rosario, donde estará todo el gabinete. La Presidenta reconsidera la idea de sostener la dureza. La Casa Rosada siempre actuó igual: negó en sus declaraciones públicas que le pagaría a Repsol, al Club de París y al Ciadi. Pero al final cumplió para salvar la economía..

