Por Javier Blanco - Las contradictorias señales que emitió el Gobierno en las últimas horas sobre su estrategia para enfrentar el reaparecido problema de la deuda reinstalaron el pesimismo en los mercados respecto del devenir de la economía local. Así, aunque buena parte de los inversores y operadores aún apuestan a una salida negociada, avanzan en un progresivo desarme de sus tenencias de papeles de deuda pública o privada y acciones de empresas argentinas, porque temen que esta crisis desemboque en un nuevo default.
"Resignan el potencial de ganancias a obtener si esto llega finalmente a un final feliz, tratando de achicar las pérdidas en el caso de que la apuesta llegara a terminar mal", explicó anoche un operador.
Su acotación venía respecto del derrape de 4,9% de las acciones en la Bolsa porteña ayer (los bancos encabezaron las pérdidas con bajas del 7% promedio) y las caídas del orden de 3 a 4,5% con que cerraron la jornada los bonos en dólares en la plaza local; los emitidos en el exterior encabezaron el derrumbe.
"Entendemos que las mayores probabilidades las tiene el escenario de una salida acordada. La principal razón detrás de este razonamiento es la fragilidad de la situación macroeconómica actual en relación con otros episodios de confrontación, como la crisis con el campo", evaluó ayer en un informe la consultora Delphos Investment. Para explicar esta mirada, recordó que el Boden 15 llegó a mostrar tasas de rendimiento cercanas al 17% en octubre de 2012, cuando se conoció la noticia del fallo del juez Griesa, y la tasa del Discount en dólares emitido bajo ley de Nueva York trepó al 16,2%. "Ahora están en la zona del 12%", acotan.
En este contexto, lo que no pasó desapercibido fue el llamativo retroceso superior al 8% mostrado por la tasa de riesgo país (que cayó de 873 a 817 puntos), que habría estado facilitado por una corriente de transferencias de estos mismos títulos del exterior a la plaza local en procura de dejarlos fuera del alcance de posibles embargos.
Estos movimientos, que estarían a cargo de organismos oficiales (como la Anses), son los que estuvieron detrás de la nueva baja de 2,5% del dólar arbitraje o contado con liquidación, posibilitada porque estuvo más activo el canal de entrada de fondos que el de salida.
Con todo, la cadena de transmisión más rápida que tiene el nuevo pico de estrés financiero sobre la economía real es el impacto que la crisis está teniendo sobre la ya complicada plaza cambiaria oficial.
Tensión cambiaria
Ayer, pese a que se transita aún la temporada alta de liquidaciones (en alusión al pico estacional de las liquidaciones del complejo sojero) y que desde hace días volvió a bloquear la venta de dólares a importadores, el Banco Central (BCRA) no pudo comprar dólares para alimentar sus reservas.
"Los apenas 54 millones de dólares operados por el sistema Siopel al contado -que regula el BCRA- dejaron en evidencia el poco interés de los exportadores en liquidar divisas y las pocas o nulas autorizaciones que el ente monetario concedió para pagar importaciones", comentó en su habitual reporte de los movimientos cambiarios la corredora ABC.
Se trata de la mitad del monto que se operaba por ese canal cambiario a comienzos de la semana y de la menor cantidad transada en los últimos meses. De hecho, hay que remontarse a los movimientos que se registraron en los días previos al salto devaluatorio de fin de enero para ver montos similares.
La reticencia de los exportadores a liquidar tiene que ver con el temor a que un default lleve al país a una nueva devaluación, toda vez que volvió a quedar bloqueada la ilusión de reactivar los ingresos de divisas por el canal financiero (endeudamiento) o la cuenta de capital (inversiones productivas), en momentos en que el ingreso de dólares comerciales (por el saldo de la balanza) no deja de caer (ver página 16).
En sentido contrario, se mueven los que pueden comprar divisas, que compran cada vez más. Ayer hubo más de 13.000 operaciones (por US$ 8,3 millones) de compra de dólar ahorro, movimiento sólo comparable a un comienzo de mes.

