En realidad, la cesación de pagos de una deuda soberana, ya sea de un país, una provincia, un municipio, un reino o un imperio, es tan vieja como el acto de tomar prestado mismo. De hecho, la primera de la que se tenga registro ocurrió en la Antigua Grecia (todo un antecedente para la situación que vive ese país hoy), en el siglo IV antes de Cristo, cuando 10 de las 13 ciudades-estado de la Liga Marítima Délico-Atica dejaron de pagar los créditos emitidos por el Templo de Delfos.
Cuando se revisa la historia de los defaults (uno de los libros más documentados sobre el tema es Ocho siglos de crisis financieras: historia mundial de los defaults, escrito por los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, últimamente en el ojo de la tormenta por haber manipulado las cifras de otro célebre estudio), se comprueba que a lo largo de los siglos, la cesación de pagos fue una medida muchas veces inevitable. Porque el servicio de la deuda se volvía impagable o porque el deudor no podía controlar sus gastos y por lo tanto no ahorraba lo suficiente para pagar.
Al respecto, a lo largo de los siglos fue bastante habitual que muchos Estados se endeudaran para financiar sus esfuerzos de guerra, una de las principales causas de la explosión de las deudas soberanas. De hecho, uno de los defaults más célebres fue el del rey Eduardo III de Inglaterra en 1340, quien lo declaró tras el estallido de la Guerra de los Cien Años contra Francia. Sus acreedores eran los dos bancos más importantes de la época, en manos de las familias florentinas Bardi y Peruzzi, acostumbrados a financiar emprendimientos comerciales hasta que se animaron a ampliar sus negocios a las campañas militares, con un riesgo mucho más grande pero también con mayores retornos (a cambio del crédito, el rey les había ofrecido el monopolio en el comercio de la lana). El resultado de ese empréstito de alto riesgo fue la quiebra de ambas entidades, una situación que se repetiría varias veces a lo largo de la historia, en la que el acreedor no salía indemne de un incumplimiento por parte de su deudor. Sin embargo, en materia de cesaciones de pago debidas a gastos militares, el período que abarca las dos Guerras Mundiales fue el de mayor impacto en la historia. Y más recientemente, las acciones bélicas llevadas adelante por EEUU en Irak y Afganistán casi le provocan al país entrar en su primera cesación de pagos.
El Mundial del default
Nuestro país cuenta con 7 cesaciones de pagos declaradas a lo largo de su historia. La más grande fue la del año 2001, que todavía hoy padecemos y que puede volver a darse tras el reciente fallo de la Corte Suprema de EEUU. De todas formas, mucho más impactante fue la de 1890, cuando en la Argentina la crisis financiera hizo estallar la Revolución del Parque y casi genera la quiebra del banco Baring Brothers, salvado in extremis por el Banco de Inglaterra.
Sin embargo, en el ranking de los defaults, España es la que lleva la delantera con 13. La mitad ocurrió entre 1557 y 1647 por el alto costo de mantener un imperio de ultramar y por la inflación que estalló en el reino a raíz de las enormes cantidades de oro que llegaban de América, algo que hoy se compararía con la emisión indiscriminada de dinero.
El segundo puesto le corresponde a Venezuela, con 10 y en tercer lugar a Brasil con 9. Más atrás se ubican Francia, Alemania y México, con 8 defaults, por lo que nuestro país ocupa hoy la quinta ubicación.
Un aspecto que plantea el estudio de Rogoff y Reinhart es que en la historia financiera del mundo hubo períodos en los cuales era común que los Estados no honraran sus compromisos de pago. Por ejemplo, cuando la mayoría de los países de América Latina declararon su independencia (durante la primera parte del siglo XIX), cerca de la mitad de todos los Estados del mundo estaba en default. Otro período de cesaciones masivas de pago se dio durante la crisis de la deuda latinoamericana de los años 1980, de la que la Argentina fue partícipe y que dio origen a toda la liturgia alrededor de los planes de ajuste del FMI.

