El gobierno argentino cambia de táctica, como el técnico Alejandro Sabella . Una es la que lleva adelante frente al delegado especial de Griesa -el special master, Daniel Pollack- para encontrar una salida que no lleve al desastre, ahora, con discreción. Para la tribuna interna y la externa desempolvó un discurso según el cual este caso no puede ser tratado con las actuales normas internacionales; sostiene que se trata de algo distinto, que a la Argentina la quieren castigar por querer mostrar un modelo distinto de todos los modelos y que se han montado campañas internas y externas en contra del país. Y que hay que optar "por la Patria". Nada podía ser más parecido al discurso que quiso imponer la última dictadura militar, aquella que decía que no se podía combatir a los terroristas -calificación que le endilgaban a cualquier crítico del gobierno- con las reglas de la democracia. Según esa interpretación, había una "guerra sucia" y "ellos" (los "terroristas") venían "por todo". Cristina Kirchner hace lo mismo que aplicó con el conflicto con el campo por la resolución 125, en 2008: transforma en una guerra ideológica lo que no es más que un problema de dinero. Sus propagandas nacionalistas parecen calcadas de las que en tiempos de Jorge Rafael Videla se hacían en contra de la organización Amnesty International por sus denuncias por violaciones de los derechos humanos en el país. Es una pena inmensa que se hayan sumado a repetir esos argumentos falaces personas con enormes méritos personales por haber defendido la libertad aun poniendo en riesgo sus vidas en los tiempos oscuros. Aquella dictadura también encontró refugio internacional en la entonces Unión Soviética. Le vendía trigo, le compraba tecnología -como alguna central termoeléctrica-, y recibió armas que usó en Malvinas, como los misiles portátiles antiaéreos SAM 7 Strella, entre otros intercambios. Sin embargo, la Argentina adhirió al boicot contra los Juegos Olímpicos de Moscú (en 1980, una postura impulsada fuertemente por los Estados Unidos) y no envió delegación, pero no se sumó al bloqueo cerealero impuesto como castigo por la invasión soviética a Afganistán. Aparecían por el país supuestos politólogos, incluso alguno inglés, que pronosticaban el triunfo de la URSS en la Guerra Fría, porque a diferencia de Occidente, no tenía que demorarse en hacer leyes, debatirlas en parlamentos y llevar personas para enjuiciarlas en los tribunales. SimilitudesHoy parece que Cristina Kirchner hace lo mismo. El economista Luis Secco observó agudamente que esa apuesta al fracaso de Occidente es peligrosa. Ya falló una vez, por suerte. Basta visitar España o Portugal, una de las hermanas más pobres de la Unión Europea, para ver que el panorama es muy diferente al de hace apenas un año. ¿Cuánto hacía que la tienda de ropa carísima Abercrombie no tenía colas de una cuadra o más a las puertas de su local, en uno de los barrios más caros de Madrid, con jovencitas desesperadas por aprovechar las rebajas? Claro que el desempleo todavía es alto. El empleo es, en general, lo último en caer y también lo que más tarda en recuperarse. Como dijo Alejandra Kindelán, subidirectora de Estudios del Banco Santander en el último seminario internacional de la entidad, realizado en la capital española: "Hace muy poco se discutía si sobrevivirían el euro y la propia Unión Europea; hoy el panorama es otro". Ningún milagro, todavía hay muchas dificultades. Pero no tantas como las que pudo aprovechar Adolf Hitler para instalar su régimen genocida en la Alemania nazi. Sí han crecido los ultraderechistas, que tienen como referencia nada menos que al premier ruso, Vladimir Putin, para deshacerse de la influencia norteamericana. El propio Putin , que persigue a los homosexuales y es halagado en público por Cristina Kirchner, que cuenta entre sus méritos haber promovido y aprobado la ley de matrimonio igualitario. En la Rusia de Putin la homosexualidad se pena con la cárcel. Basta ver la odisea de algunas integrantes de la banda musical femenina Pussy Riot, encarceladas en condiciones ilegales. Barack Obama se negó este año a asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia, por la homofobia que reina en Moscú. Envió a dos representantes. Ex deportistas y abiertamente homosexuales. ¿Harán los organismos de los derechos humanos y defensores de los homosexuales lo mismo que hace el mercado? Creer que Cristina Kirchner hace gestos contradictorios, pero terminará haciendo lo razonable: cumplir la sentencia del juez Griesa y defender las libertades. A fin de cuentas, en el partido contra los holdouts no hay tarjetas, ni amarillas ni rojas, por simular. El mercado cree que, en cambio, hay ayuda del árbitro para hacerlo.. |