Por: José Siaba Serrate - Las balas pican cerca, pero el mercado alcista no se altera. Janet Yellen, la presidenta de la Fed, repitió la maldición que en marzo vertiera Bill Dudley, titular de la Fed de Nueva York, y le volvió a disparar de lleno a las acciones pequeñas, la biotecnología y las redes de social media.
Las valuaciones, sostiene el Informe de Política Monetaria, son "exageradas". Se sabe también, porque Yellen ya lo había dicho antes, que los bonos basura están en el radar bajo vigilancia. Una economía más rozagante, y la reducción de la tasa de paro, azuzan a los halcones de la Fed -esta semana se escuchó a James Bullard, Esther George, Dick Fisher y John Williams- y les sueltan la lengua a favor de adelantar la suba de tasas de interés. Hasta allí, si se quiere, nada nuevo, salvo -y conviene tomar nota- la machacona insistencia. ¿Y la Bolsa? Bien gracias, separa la paja del trigo, y castiga sólo lo que la Fed cataloga como cizaña. Y no demasiado porque ahí mismo Dudley pasó el rastrillo un trimestre atrás. Ninguno de estos renglones efervescentes alcanza hoy la altura que supieron tener en marzo.
La sorpresa ocurrió el jueves y fue un misil. Literal. El vuelo MH17 de Malaysian estalló en el cielo de Ucrania. Y las esquirlas se clavaron en Wall Street. La noticia fue una bomba. El mal llamado índice del miedo -el VIX - saltó de golpe el 33%. Casualidad o frío cálculo, Israel decidió que era el momento de lanzar la ofensiva militar terrestre sobre Gaza. Fue sencillo ignorar los riesgos geopolíticos cuando cada uno tocó a la puerta, pero así, de buenas a primeras, entraron por la ventana. Si el mundo es un polvorín, ¿puede Wall Street desentenderse por completo? El S&P 500 cayó el jueves más del 1%. No sucedía desde abril. No hubo pánico en ningún momento, sí preocupación. Y un cierre en mínimos de la rueda.
El susto existió. Duró poco. Hasta el día siguiente. No llevó más tiempo concluir que el retroceso de la Bolsa era más una oportunidad para comprar que de emprender la retirada. Ni Yellen, ni los que abogan por anticipar el ajuste de tasas, ni el misil que truncó el vuelo MH17, ni Gaza, ni todos ellos juntos, pudieron torcer la obstinación de la tendencia. Wall Street mantiene la calma y, más que eso, la vertical airosa. Fue una semana agitada pero no careció de provecho. El S&P 500 trepó, de cabo a rabo el 0,54%, y reposa a una pizca de distancia de los récords. Es la segunda semana de ajetreo al hilo: la anterior se estremeció por un impago de la compañía madre del banco portugués Espírito Santo. Ocasión en que se abrió una rajadura visible -una brecha bajista- en las cotizaciones. Con tantos sacudones, la herida, ¿habrá cicatrizado bien? El viernes se conoció que Espírito Santo Internacional -el holding y accionista principal del banco- se presentó a concurso de acreedores en Luxemburgo. Y nadie lo juzgó importante.
¿Hasta dónde podrá empujar el mercado bull y abrirse paso entre las trifulcas, impermeable a los percances? Como se había dicho, la temporada de balances discurre favorable. La Fed puede hablar, pero hay convicción de que no actuará deprisa. Y Yellen, al puntualizar los bolsones de excesos, que son pocos y ya estaban identificados, bendice la pujanza del resto. Y ninguna contribución más importante, por varios cuerpos de distancia, que haber desmitificado una suba de tasas que recién comenzará en 2015. No se discute que los golpes recibidos no son gratis. Tanto ir a la fuente que el cántaro al final se rompe. Pero nada amortigua mejor las fricciones que la calma que exuda el mercado de bonos. La Bolsa hace pie en la tasa cero, la morosidad prevista en su futuro proceso de ajuste y en la escasez de alternativas de inversión. Con tasas largas, esta semana, por debajo del 2,50% la idea de mantener la posición y dejar los hechos correr es difícil de desalojar de su sitial de privilegio. Y tal vez no estemos frente a una burbuja, pero puede llegar a serlo, porque optimistas nunca faltan. Un gurú popular, Grantham, se hizo escuchar el viernes vaticinando una explosión de fusiones y adquisiciones próximamente. No hace falta mucho más. |