Por Javier Blanco - La demanda de crédito no muestra señales de recuperación a dos meses de instituido el tope a las tasas de interés que los bancos cobraban por financiar consumos, pese a que esa medida implicó recortes de 4 a 6 puntos en las tasas promedio. Para los analistas, es otra demostración más del clima de incertidumbre en que se sumergió la economía en los últimos meses y una prueba de cómo "el camino al infierno puede estar lleno de buenas intenciones", metáfora a la que apelan para explicar que lo que fuera presentado como un beneficio terminó acarreando tantos perjuicios que hicieron que la poda en las tasas no repercutiera en una baja en el monto de las cuotas. Un relevamiento de la consultora Curat, Martínez Larrea & Asociados sobre la oferta crediticia de los 20 principales bancos del sistema detectó generalizados cambios desde la aplicación de esta norma, que terminaron afectando la calidad de los préstamos y restándole demanda potencial. Éstos incluyen la reducción de plazos en los préstamos personales (de entre 48 y 60 meses a un promedio de 36, en la mayoría de los casos), la desaparición o el recorte de la oferta de financiamiento a tasa fija y hasta leves subas en las tasas que aplican sobre descubierto de cuentas corrientes o créditos hipotecarios, aprovechando que son líneas que quedaron al margen de la regulación. Eso hizo que "los primeros resultados no fueran los que las autoridades perseguían, en el sentido de impulsar un mayor volumen de crédito, porque la reacción a la aplicación de tasas máximas que no distinguen por plazo ni por tipo de cliente lo que logró fue una reducción en la oferta a plazos más largos y destinadas a los segmentos más riesgosos", detalla Pablo Curat, analista de esa consultora. "Así, por más que bajó la tasa, al recortarse los plazos, el monto de la cuota a la que debe hacer frente el deudor aumentó, lo que restringe en los hechos la oferta de crédito", explica. Las estadísticas del Banco Central (BCRA) reflejan el estancamiento. El stock de créditos al sector privado en general, que creció a una velocidad interanual del 40% nominal en 2013, lo hacía al 25% hace dos meses, pero se reduce hoy al 21,5%. Esto implica un decrecimiento de 12 puntos promedio en términos reales, pese a que parte de los desembolsos que hacen los bancos son para cumplir con las metas semestrales de nuevos créditos para la producción a que están obligados desde hace más de dos años. Durante julio, el stock creció en apenas $ 4800 millones (1%), básicamente impulsado por el mayor uso de descubiertos en cuenta corriente y descuento de cheques por parte de empresas, dado que los préstamos personales crecieron sólo en $ 260 millones, un mínimo para los últimos 60 meses. Los prendarios se contrajeron en $ 170 millones, porque los nuevos créditos no llegaron a compensar las cancelaciones. En agosto, con cifras a la tercera semana, se repite esta tendencia, aunque se estabilizan las financiaciones de consumos con tarjetas. Para Nicolás Bridger, de Prefinex, la menor demanda de crédito por parte del sector privado "responde básicamente al menor nivel de actividad y a la incertidumbre creciente respecto a la evolución de las principales variables", por lo que la retracción de la demanda sería su componente principal. No obstante, también incluye al deterioro en las condiciones de la oferta, porque "más allá de los límites que impuso el BCRA, las tasas siguen siendo elevadas en términos de repago y el acortamiento de plazos empeoró la ecuación, en un contexto en el que la preocupación de las familias derivó hacia la inestabilidad laboral y la evolución de los salarios, lo que naturalmente los lleva a limitar su endeudamiento", detalla. Curat coincide, y acota: "La demanda de crédito soporta y hasta se potencia con alta inflación, pero no resiste ante el temor a perder el empleo". La retracción del crédito al sector privado, en un contexto de marcada preferencia de los bancos por cuidar su liquidez y limitar sus riesgos, los lleva a privilegiar a su vez la compra de títulos del BCRA, con lo que vuelven a recrearse las condiciones para un desplazamiento de la masa crediticia del sector privado al público. "En los últimos siete meses, los préstamos al sector privado cayeron 12% y el financiamiento de los bancos al sector público aumentó 47% en términos reales. La última vez que vimos un efecto crowding out parecido fue en 1999-2001, aunque en aquel tiempo los bancos financiaban en forma directa al Tesoro nacional y ahora lo hacen a través del BCRA", apunta el informe de Curat, Martínez Larrea & Asociados. La coincidencia es que, en ambos casos, la economía se deslizaba en una recesión que este tipo de conducta no hace más que agravar. |