Por
JULIÁN GUARINO -
La idea no es original. Y sin embargo, algunos
dirán, un poco en broma, que en el bicentenario, el Gobierno se perdió la
oportunidad de imprimir los primeros billetes de doscientos pesos...
Desde
hace varios años, dis
tintos referentes de la economía y la política lo han
lanzado al ruedo con resultados baldíos. Los millones de billetes de $ 100 que
se han sumado a la economía local no han tenido otro objetivo más que acompañar
la exponencial suba de los precios para permitir las transacciones comerciales.
Hoy, en la región, Argentina sólo se ve superada por Venezuela en lo que
hace a la baja capacidad de compra de su billete de mayor denominación. Por
ejemplo el billete de 100 Bolívares Fuertes que, al tipo de cambio paralelo de
ese país, cotiza a apenas un dólar con nueve centavos es el ejemplo por
antonomasia de lo que la inflación le hace a la moneda. En la Argentina, el
billete de máximo valor, el de 100 pesos, alcanza para obtener unos u$s 7. Y, a
partir de allí, en Paraguay el valor equivale a u$s 22; en Colombia, a u$s 25;
en Bolivia, a u$s 29; en Chile, a u$s 36, y en Perú, México y Uruguay, los
valores van desde los u$s 70 hasta los u$s 90.
Ayer, en un giro inesperado
para los previsibles mandatos del escenario doméstico, el presidente del Banco
Provincia, Gustavo Marangoni, hombre de extrema confianza del gobernador
bonaerense y, por ende, alguien que no interviene en temas sensibles para la
esfera pública sin su consentimiento, dijo que un billete de mayor denominación
mejoraría el servicio bancario y las transacciones habituales.
En medio de un
escenario inflacionario, Marangoni pidió que se evalúe la posibilidad de que se
emitan billetes de $ 200 y $ 500 para disminuir costos. Sin ningún prejuicio ni
falsas controversias, es a todas luces pequeño y por ende incómodo el billete de
$ 100 para resolver las transacciones habituales. Desde un changuito con
alimentos en el supermercado, una salida recreativa, llenar el tanque de
combustible o contar con el efectivo mínimo en el bolsillo para nuestra rutina
diaria laboral, señaló Marangoni.
De fuerte contenido político en
definitiva el sciolismo reconoce implícitamente que existe una escalada de
precios importante y que hay que hacer algo, la declaración de Marangoni
implica también un emergente de varios argumentos de raíz económica.
Por un
lado, hasta fines del año pasado, y de acuerdo a los datos del balance de la
entidad correspondiente a 2012 (último disponible), se observa que las pérdidas
operativas del BCRA tienen, como artífice central, un aumento de 144% que la
entidad debió asumir en los dos últimos años en sus gastos por emisión
monetaria. Este ítem, que ya representaba el 42% del total de sus gastos
generales en 2005, supone un monto que supera el 70%.
El costo de imprimir,
trasladar y operar con billetes ha ido en incremento para los bancos y el
público, toda vez que como no se modifica la denominación, se hacen necesarias
más unidades para una misma operación, señaló Ramiro Castiñeira, analista de
Econométrica. Otro dato es que la importación de papel moneda llegó a 1.511.211
kilos en 2012, con un aumento de 177 % sobre las cifras de 2011, por lo que los
analistas entienden que cada vez se necesita más kilos de dinero para poder
efectuar las mismas transacciones monetarias.
Hay que solucionar el
problema de la gran cantidad de billetes que se necesitan incluso para gastos
corrientes, que le evidencian al público la fuerza que tiene la inflación. Con
billetes de 500 y 1000 pesos se tendría un manejo más lógico del dinero. Por
esta razón en todos los países hay billetes de distinta denominación que se
adaptan a los pagos y devoluciones. La denominación más alta requerida es por lo
menos del equivalente de 100 dólares. Hoy sería de unos 1000 pesos en nuestro
caso, señaló Andrés Mendez, de la consultora AMF.
En los últimos meses,
incluso los bancos salieron al cruce solicitando la nueva emisión. Desde los
camiones de caudales, la frecuencia en la reposición de los cajeros automáticos
e incluso la seguridad para quienes llevan encima gran cantidad de billetes
(pero de bajo valor fiduciario) un racimo de argumentos fueron dados a conocer
por las entidades.