Pese a que la entidad monetaria no se había involucrado previamente en las tratativas de estos créditos, destinados a financiar dos represas en Santa Cruz, el ferrocarril Belgrano Cargas y una nueva central nuclear, LA NACION pudo saber que la semana pasada le pidieron a Fábrega que viajara a ese país. La preocupación del Gobierno es que el default pudiera trabar la llegada de esos fondos, en un contexto de ausencia absoluta de ingreso de dólares.
Luego de que LA NACION informó que los contratos firmados con China contemplaban cláusulas que frenaban los créditos en caso de un default, el ministro de Planificación, Julio De Vido, lo desmintió en forma airada. Sin embargo, de inmediato tanto De Vido como Axel Kicillof tuvieron que viajar a Pekín para negociar el giro de esos desembolsos. Tras el regreso de Kicillof, fuentes del Palacio de Hacienda afirmaron que "los fondos están asegurados" y explicaron que, luego de viajar a Nueva York, el secretario de Finanzas, Pablo López, viajaría con el mismo destino para poner en marcha los desembolsos. Sin embargo, al parecer, para el Gobierno, era necesario que Fábrega también viajara, luego de haber asegurado la concreción del swap de monedas, también con China, anteayer en la reunión de banqueros centrales en Suiza. De este modo, el funcionario vuelve a aparecer en una posición más confortable dentro de la interna del equipo económico.
En el Banco Central no quisieron hacer comentarios al respecto, sólo se limitaron a confirmar el viaje de su presidente y destacaron que antes de fin de año ingresará al país el primer tramo del swap con China, por unos 700 millones de dólares.
El swap involucra un total de US$ 11.000 millones, pero aún no se sabe cuándo llegarán los siguientes desembolsos. Sin embargo, para el Central se trata de una bala de plata, en un cuatrimestre en el que la liquidación de divisas es cada vez menor: en agosto bajó un 40% respecto de julio y la cifra seguirá disminuyendo hasta fin de año.
El problema de fondo para el Central es que a esta altura del año se suponía que, tras el acuerdo con Repsol y con el Club de París, ingresarían recursos de los mercados de capitales. Pero con el conflicto con los fondos buitre muy lejos de resolverse, la estrategia pasó a ser absolutamente defensiva para proteger las reservas y sacarle así presión al mercado cambiario.
Aunque la última proyección pública de Fábrega consistió en prometer que las reservas culminarían el año en US$ 28.000 millones, varios analistas prevén que terminarán en US$ 24.000 millones, lo que le agregará más estrés al tipo de cambio.
En esta sintonía, el ex gerente de reservas del BCRA Pedro Rabassa calculó en diálogo con LA NACION que el tipo de cambio oficial estará en US$ 9,80 en diciembre, en un contexto de "caída de reservas y del nivel de actividad, lo cual cada vez hará más difícil para el Gobierno la elección de políticas". Para el ahora director de la consultora Empiria, "el swap con China aporta en este contexto un monto chico, porque serían US$ 700 millones frente a US$ 4000 millones en importaciones atrasadas".
El swap, agregó, "debería aprovecharse para solucionar mientras tanto los problemas de fondo de la economía"..

