El default en Argentina y la salida del ministro de economía, Rafael Ramírez, en Venezuela activó de nuevo las comparaciones económicas entre ambos países y surge el interrogante de cuál se mostrará más vulnerable el año que viene.
El quid de la cuestión es el estrés de la balanza de pagos y por lo tanto el grado de cumplimiento con los tenedores de bonos, indicó Siobhan Morden, estratega para América Latina de Jefferies, quien en su último informe analizó la capacidad de pago que presentan ambos países.
De acuerdo a la analista, mientras que la Argentina parece haber entrado en una cuenta regresiva hacia una crisis de balanza de pagos, el stock de reservas netas se encuentra en un nivel frágil que representa apenas tres meses de importaciones. Esto requiere una respuesta política inmediata o enfrentar, potencialmente, cero reservas de divisas el año que viene, argumentó Morden, quien asume que la reacción inicial ante el default se focalizará en las restricciones, más controles y otra maxi devaluación para minimizar el estrés en el mercado.
En este sentido, para la econo
mista, la pregunta es si la Argentina podrá acceder a capitales externos si es que se remedia el default en un momento en que el país demuestre una incapacidad de pago real.
La situación en Venezuela es igualmente preocupante, aunque desde Jefferies remarcan que los datos oficiales en este país todavía no están mostrando el mismo grado de tensión que la Argentina para hacer frente a sus obligaciones de deuda.
Si nos centramos en los datos disponibles, todavía hay una escasez generalizada y restricciones a la importaciones que sugiere la prioridad de salvaguardar la liquidez externa. Los datos sobre los activos externos, en caso que fueran precisos, sugieren que Venezuela todavía mantiene una liquidez cómoda que cubre 8 meses de importaciones, remarcó Morden.
Sin embargo, en su informe, la especialista enumera dos riesgos a tener en cuenta respecto de la economía bolivariana. En primer lugar, no existe la transparencia de datos por lo que es difícil medir la tensión de flujo de caja y la exactitud de las estimaciones que realizan los privados en relación a los activos externos.
Por otro lado, Venezuela puede acelerar la crisis de balanza de pagos si prioriza el crecimiento en relación a las elecciones del año que viene, e inunda la economía de importaciones baratas financiadas con activos externos, emisión de deuda o si vende Citgo Petroleum, la filial de la petrolera estatal venezolana (PDVSA) en Estados Unidos.
Aunque el panorama luce muy riesgoso para Venezuela, desde Jefferies creen que el debate del default bolivariano es todavía prematuro e incluso le otorgan un mayor riesgo de impago a los vencimientos del Boden 2015 que a los bonos PdVSA 2014. Cabe aclarar que los últimos vencen en un mes y medio, mientras que los primeros deberán pagarse en octubre del año que viene.

