Por Silvia Stang - Los efectos de la menor actividad y de la inflación creciente se perciben cada vez con mayor fuerza en los hogares. ¿Los más perjudicados? Las familias de menores ingresos, que en muchos casos dependen de tareas precarias y sin protección social.
Son cada vez más los informes que reflejan signos de deterioro del mercado laboral. En el sector formal de la economía, hubo en los últimos meses un aumento del porcentaje de empresas sin planes de reemplazar al personal que deja el puesto por opción propia, a la vez que se suman empleadores al grupo de los que tienen programas de desvinculación, ya sea con despidos o retiros voluntarios. Es ya extendida también la modalidad del "despido goteo", que se propone distanciar en el tiempo las cesantías para evitar conflictos, según admiten abogados que asesoran tanto a sindicatos como a empresas.
Los datos de los salarios, en tanto, dan cuenta de una evolución que ya sigue muy de lejos la trepada de los precios. Según fuentes oficiales y privadas, en el último año el alza nominal no se aleja demasiado del 30 por ciento. Es un número que está unos diez puntos por debajo de la inflación, si se considera el índice elaborado por un grupo de consultoras privadas que es difundido por legisladores de la oposición, y que resulta muy similar al surgido de otros cálculos, como los realizados por el centro de estudios Cifra de la central obrera CTA, cercana al Gobierno.
La falta de dinámica -o, peor aún, la destrucción de puestos- en el sector registrado tiene sus efectos en el segmento informal, donde se mueve nada menos que la mitad de los trabajadores -un tercio de los asalariados y siete de cada diez cuentapropistas-. El informe del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina mostró que en 2013 creció la participación que, en el conjunto del total de ocupados, tienen los "subocupados inestables", la categoría laboral de mayor precariedad. Y, a la vez, cayó el porcentaje de los ocupados que ven cumplidos sus derechos.
Datos oficiales conocidos esta semana, correspondientes al segundo trimestre del año, muestran que el ingreso promedio percibido en la ocupación principal del total de trabajadores (sean asalariados o cuentapropistas) fue de $ 5651, cifra superior en un 30,6% a la de un año atrás. La cifra proviene de la encuesta de hogares del Indec, en la que son los propios trabajadores los que responden sobre su situación.
Cuando la población es segmentada en diez partes iguales según sus niveles de ingresos, se observa que, por caso, en el segundo grupo más pobre la suba nominal fue bastante menor: de 27 por ciento.
El ingreso per cápita familiar creció en promedio un 26,3% interanual, con un mayor alejamiento de la suba de precios respecto del que mostró el ingreso de los ocupados. Eso estaría explicado por la pérdida de puestos, y el perjuicio fue mayor en los sectores de más bajos ingresos.
Gran parte de los asalariados en blanco defienden sus salarios en convenios colectivos. De esos acuerdos quedan al margen dos sectores de la población que, en términos de condiciones de empleo, están en los extremos: ejecutivos e informales.
Pero, con o sin negociación, lo que este año todos comparten es esa paradoja de recibir más billetes, pero poder hacer menos con ellos..

