Buitres, holdouts, la adecuación de Clarín, las amenazas de Isis y las del Norte, las designaciones de Barack Obama, Nancy Soderbergh y la derogación de leyes que promete la oposición y agita el kirchnerismo como si todo se tratara de una gigantesca conspiración guiada por una Matrix del poder global. Demasiado complejo para ser tomado en serio como evidente el propósito de crear nuevos paradigmas para discutir sobre cuestiones laterales en vez de atacar los problemas básicos de esta Argentina en transición.
Esta vez son dos datos los que ilustran el país real y en recesión que necesita remedios urgentes. La inflación de octubre superó el 2%, según los estudios privados de los más pesimistas y también de los optimistas. La proyección anual se acerca al 40% y, en el mismo mes, se derrumbó un 42% la venta de automóviles, eje del consumo que sigue dando señales negativas.
El Gobierno insiste en patear los problemas hacia adelante y en postergar las soluciones de fondo apostando a que sea el próximo presidente el que se encargue de resolverlos y pagar los costos políticos del deterioro. La estrategia que tanto seduce al kirchnerismo conlleva el riesgo de tensar demasiado la cuerda hasta romperla y alumbrar un fin de ciclo de esos que llevan al país por los peores caminos.

