• Nadie sabe dónde están y no se presentarían a cobrar. • Reduce el futuro pago.
Aunque todavía queda
un 7% de bonos que no entraron en los canjes de 2005 y el 2010, en
realidad la deuda que habría que salir a reestructurar es un porcentaje
bastante menor. Sucede que según estiman en los grandes bancos de
inversión, aproximadamente uno de cada cuatro títulos se perdió o desapareció. En otras palabras, nadie
sabe dónde están los tenedores de esta deuda, no se presentaron en los
canjes y tampoco reclaman que la Argentina les pague.
Esta situación despejaría significativamente el horizonte para salir definitivamente del default después de enero. El
monto total de la deuda que quedó sin reestructurar en 2010 asciende a
u$s 6.200 millones de valor nominal. Pero de ese total, se estima que
u$s 4.700 millones corresponden a participantes activos, que buscarán
una solución y exigirán un pago, pero hay otros u$s 1.500 millones que
no se sabe de quiénes son y que tampoco se presentarían en el futuro a
cobrar.
Según el economista Marcelo Blanco, extitular del Deutsche Bank, el
motivo por el que estos bonos se perdieron "obedece a que la colocación
de bonos está muy atomizada, hay muchos tenedores que tienen 10.000 o
15.000 euros que nunca aparecieron; o muchas cuentas se cerraron y en
otros casos resulta imposible detectar a los herederos". En 2010, los
bancos de inversión que participaron del canje hicieron un esfuerzo para
que los encargados de bancas privadas detecten a los tenedores de
títulos para que entren en el canje. Sin embargo, un número
significativo de bonos y clientes nunca apareció.
En términos
globales del canje se trata menos del 2% del total de la deuda en
default. Pero considerando el acuerdo que deberá encarar la Argentina,
el número no es menor.
El fondo de Paul Singer, a partir de una
demanda inicial de u$s 432 millones terminó con una sentencia favorable
de u$s 1.350 millones, pero que actualmente ya representan más de u$s
1.500 millones. Pero detrás de esta demanda aparecen otros inversores,
conocidos como "me toos", que también quieren incorporarse al juicio y
sacar la misma sentencia.
Ante este escenario, resulta clave
determinar cuántos inversores realmente se presentarán para que se
respete el fallo y quiénes finalmente nunca terminarán participando. En
la medida que aparezcan menos inversores, el monto que finalmente deberá
pagar la Argentina a los holdouts sería menor.
A medida que se
acerca 2015 crece la especulación en relación con un posible acuerdo con
holdouts. Según se desprende de las conversaciones previas mantenidas
con el sector privado, la quita que los fondos buitre estarían
dispuestos a otorgar se ubicaría en torno del 30%. En las negociaciones
con bancos extranjeros, los acreedores pidieron cobrar el 80% de la
sentencia.
Si se calcula que la sentencia total estaría en torno
de los u$s 14.500 millones, sería factible arreglar un pago de u$s
10.000 millones, a través de la emisión de bonos a diez años de plazo,
similar al arreglo efectuado con Repsol para compensar a la compañía
española por la expropiación de YPF.
Entre las fechas relevantes
antes de fin de año, el Gobierno deberá afrontar el 2 de diciembre el
pago del Global 2017, un bono emitido bajo legislación extranjera que
tampoco podrá ser pagado a los bonistas internacionales. Por lo tanto,
es el tercer candidato a entrar en default, después del Discount y el
Par. Y una semana después, el 9 del mes que viene, habrá una nueva
audiencia convocada por el juez Thomas Griesa para definir si el
Gobierno podrá seguir pagando los bonos emitidos con legislación
argentina. Hasta ahora, habilitó los pagos en dos oportunidades "por
única vez".
|