En esta nota supongo que llegamos a fin de año sin
grandes cambios en las tendencias que muestra actualmente la economía.
Supongo también que pasadas las Fiestas el Gobierno negocia más o menos
rápidamente un arreglo con los holdouts, que le abre el acceso al
financiamiento de mercado y le permite obtener créditos por entre
10.000 y 15.000 millones de dólares. Esto es, adopto la más optimista de
las hipótesis en danza. Algunos economistas atribuyen una
probabilidad importante a que esos supuestos se verifiquen,
principalmente porque si así no fuera las perspectivas económicas del
próximo año se perciben desastrosas e imaginan que el Gobierno preferirá
tragarse el sapo (o el buitre, más específicamente) que asumir el costo
político del desastre. Más interesante es la opinión de los mercados,
expresada en precios de los bonos indicativos de que muchos agentes
también atribuyen una probabilidad significativa a que las cosas ocurran
de esa manera. Economistas y mercados apuestan al triunfo de la razón
sobre la sinrazón. Como digo, en esta nota doy esos supuestos por
ciertos, no porque esté convencido de que así va a ocurrir, sino porque
me interesa discutir la política económica que podría aplicar el
Gobierno en esas circunstancias. La cifra de endeudamiento
mencionada ha sido calculada como la necesaria para cubrir las
necesidades de financiamiento externo del año próximo, bajo un régimen
de administración de divisas semejante al actual y sin una reducción
importante de las reservas. No sobra nada. Ni hablar del levantamiento
del cepo ni de un alivio sensible de las restricciones a la compra de
dólares. Se llegaría a fines de 2015 con lo justo. ¿Qué política
monetaria y cambiaria podría aplicar el Gobierno en ese marco? Para
introducir el punto que quiero destacar resulta conveniente analizar
cómo vienen funcionando recientemente y cómo funcionan actualmente los
mercados cambiario y financiero. Recordemos que un año atrás, con
controles semejantes a los actuales, la economía experimentó una corrida
y una crisis cambiaria. La situación se conjuró con dos tipos de
medidas: una devaluación discreta acompañada del aumento de la tasa de
interés y, por otro lado, el anuncio y la instrumentación de arreglos
con acreedores externos orientados a abrir el financiamiento externo de
mercado. Los arreglos de pagos calmaron las expectativas más pesimistas.
La devaluación, seguida de un ritmo de ajuste del tipo de cambio bien
por debajo de la tasa de inflación, permitió ofrecerle al ahorrista en
pesos una tasa de interés positiva en dólares, aunque la tasa real en
pesos continuó negativa. Con esta combinación fue posible
atemperar por un tiempo la pérdida de reservas. Ofrecer una tasa de
interés positiva en dólares es eficaz para contener la demanda de
dólares en tanto los agentes crean que la tendencia a la apreciación del
tipo de cambio real es sostenible. Las expectativas de mayor
disponibilidad futura de divisas contribuyen a esa credibilidad. La
apreciación del tipo de cambio real experimentada desde enero de este
año ya anuló el efecto de la devaluación. Con relación al tipo de cambio
real estamos como un año atrás. El ahorrista percibe actualmente una
tasa de interés local positiva en dólares, pero todo está prendido con
alfileres, porque es poco creíble que la tendencia a la apreciación del
tipo de cambio real se prolongue más allá de fin de año. Por eso se
endurecieron los controles. La presión también está contenida porque la
esperanza de una negociación con los holdouts juega actualmente un rol análogo al que antes jugaron los arreglos de pagos con el Ciadi, el Club de París y Repsol. La concreción del arreglo con los holdouts
a principios del año próximo, más los anuncios de que se estarán
obteniendo de 10.000 a 15.000 millones de nuevos dólares podrían calmar
las expectativas más pesimistas. Sin embargo, difícilmente podría
transitarse sin tumulto 2015 sin ofrecer al ahorrista, como se ha venido
haciendo, una tasa de interés positiva en dólares. Para esto el
Gobierno debe generar una expectativa creíble de apreciación continua
del tipo de cambio real. Me parece evidente que no es posible construir
esa expectativa a partir del tipo de cambio real vigente. Para
sostener una tendencia a la apreciación el año próximo el Gobierno debe
partir de un tipo de cambio real más depreciado. No veo otra posibilidad
que no sea mediante una nueva devaluación discreta. Hacerlo
simultáneamente con la negociación con los holdouts y la obtención de financiamiento externo le daría a la medida la mayor chance de suceso. Lo
dicho puede interpretarse como un consejo, pero mejor puede leerse como
una advertencia. En el frágil (des)equilibrio que vive la economía
cualquier error puede abrir la caja de Pandora. La nueva devaluación
debería planearse bien, con tiempo, y realizarse con todo cuidado, para
que la medida no resulte una reedición del Rodrigazo. Investigador titular del Cedes, profesor honorario de la UBA, profesor de la UTDT y Flacso-San Andrés |