KIRCHNER ESCUCHÓ A ECONOMISTAS QUE CULPAN AL MINISTRO DE LAS DEMORAS EN EL CANJE El ministro asegura que no presentará la renuncia y atribuye las versiones a una operación para obligar a la Argentina a mejorar las condiciones del canje de deuda. A primera hora de la tarde el ministro Roberto Lavagna retornó el ritmo habitual de trabajo. Sin embargo, las versiones en la City porteña siguieron circulando hasta muy tarde a la noche y llegaron a Nueva York, donde los analistas de los principales bancos especularon con un escenario pos Lavagna. El ministro vivió 24 horas esperando que le pidan la renuncia desde la Casa de Gobierno. En cambio, mantuvo varias comunicaciones telefónicas con el presidente Néstor Kirchner que fueron descriptas como habituales de trabajo.
No fue la primera vez que se registra un pico de tensión entre el presidente Néstor Kirchner y el ministro Roberto Lavagna. Y como siempre, jugó un papel sustancial el ex presidente Eduardo Duhalde para reconstruir el diálogo. Pero en esta oportunidad, Kirchner protagonizó un desplante mayúsculo al jefe del justicialismo bonaerense al excusarse de asistir a la cumbre de Cuzco, donde Duhalde espera concretar la creación formal del bloque regional Unión Sudamericana de Naciones. Por eso, ayer las especulaciones rondaban en cómo quedó la relación Kirchner–Duhalde y cuál será el poder real del jefe de Estado.
Anoche, varias fuentes consultadas por El Cronista en el Palacio de Hacienda y la Casa de Gobierno aseguraron que Lavagna seguía en el cargo y prefirieron no detenerse en las versiones, operaciones y rumores que enrarecían el ambiente. El ministro, incluso, hizo saber que nunca pensó en alejarse del cargo y que seguirá hasta que el Presidente expresamente le pida su renuncia. De todas maneras, algunos fuentes externas recomendaban esperar hasta esta tarde, después del cierre de los mercados.
La tensión entre Kirchner y el ministro se inició hace dos semanas, cuando el Bank of New York (BoNY) decidió bajarse del canje de la deuda y obligó a postergar la apertura para enero. Desde entonces, el Presidente empezó a escuchar a varios economistas que culpan a Lavagna por las demoras para salir del default. En el entorno del ministro, aseguran que las críticas provienen de sectores interesados en que el país mejore los términos del canje de deuda, a lo que se opone el Palacio de Hacienda y, afirman, también el Presidente.
Los cuestionamientos se extienden a Alberto Fernández, como instigador de los rumores. El jefe de Gabinete en un reportaje de la revista Veintitrés enfatiza lo que ya parece ser una obsesión de Kirchner: que él, y no Lavagna, es el "padre de la criatura", una economía en franca expansión, con superávit fiscal.
Expresamente, funcionarios que rodean a Lavagna dejan afuera de la operación al presidente del Banco Central, Martín Redrado, con quien aseguran que existe un excelente diálogo y ninguna diferencia de fondo. En cambio, creen que existe una autocandidatura de Mario Blejer, el ex presidente del Central, a quien ven con ganas de sentarse en el Palacio de Hacienda.
En Nueva York, en cambio, las críticas al ministro incluían recordar el malestar que provocó en el G7 la ausencia de representación argentina a la última cumbre del G20.
Kirchner podía haber cortado de cuajo y fácilmente con los rumores, sea firmando el decreto autorizando el canje de deuda que en la jornada previa Economía le remitió para la firma, o dedicándole algunas palabras positivas a su ministro en un discurso que tuvo a la mañana en Moreno, donde prefirió criticar al periodismo.
Fernández, en tanto, sostuvo, palabras más o menos, que "el Presidente controla las reservas , la evolución del superávit, las negociaciones por la deuda y la relación con el Fondo". Esa caracterización sugiere que para el kirchnerismo la fijación de la política económica de la Argentina es poco más que una batería de negociaciones y conceptos contables que no difiere demasiado del manejo de una provincia como Santa Cruz.
Los celos kirchneristas en torno de la paternidad del "modelo" evocan los del menemismo, cuando le disputaba la autoría de la convertibilidad a Domingo Cavallo. |