Por VERONICA DALTO Buenos Aires - El día que el rublo ruso perdió más del 11% y el real brasileño cayó a su
valor más bajo desde marzo de 2005, el peso mayorista se mantuvo estable en 8,55
por dólar. La falta de reacción del peso argentino de ayer es un reflejo de la
"era Vanoli": frente a la devaluación de sus pares emergentes superior al 41% el
peso se depreció sólo 1,17%, según Bloomberg, para evitar una mayor inflación.
Una decisión que sólo puede sostenerse a costa del nivel de actividad, pero que
en algún momento tendrá que revertirse, según coincidieron los economistas
consultados, mientras los socios comerciales del país sigan depreciando sus
monedas y teniendo un alza de precios más bajo que Argentina. "Si miramos el
tipo de cambio desde el punto de vista de la competitividad, está en mejores
condiciones que a fines del año pasado. Nos sentimos cómodos con la
competitividad de nuestra moneda", declaró el presidente del Banco Central
(BCRA), Alejandro Vanoli. "Vamos a seguir ejerciendo la política de flotación
administrada en función de la coyuntura global y local", agregó. La moneda
argentina está entre las cinco que menos se movió desde el 1 de octubre entre
las 25 emergentes que sigue Bloomberg: el 1,17% que se depreció el peso es menos
de la mitad del movimiento del peso chileno (-3,65%), el mexicano (-8,74%), el
real brasileño (-9,41%), el colombiano (-16,47%) y el rublo ruso
(-41,56%). "Ante un movimiento tan brusco como éste, es tarea de los bancos
centrales determinar cuánto se trata de una cuestión coyuntural y cuánto
estructural, cuánto se va a revertir y cuánto no. Gran parte del movimiento del
real es estructural, porque empezó antes de la baja del petróleo. Debería
implicar, en la práctica, que el BCRA tiene que pensar cómo acomodarse a esta
nueva realidad", dijo Pedro Rabasa, director de Empiria Consultores. Sin
embargo, mientras la economía acumula inflación, el BCRA no mueve el tipo de
cambio para que el movimiento del dólar no se vaya a precios. "Se puede
mantener el tipo de cambio, como hace el gobierno, al no dejar que nadie compre
dólares. Pero significa seguir reduciendo importaciones y seguir pegándole al
nivel de actividad. Tarde o temprano tendrá que normalizarse, porque normalmente
una economía con cepo cambiario no funciona", agregó Rabasa. La debilidad de
las monedas emergentes se debe al nuevo ciclo de fortaleza del dólar y a la
caída del precio de los commodities, su principal producto de exportación.
"Hay una preferencia de los inversores por estar invertidos en activos en
dólares. Pero no están desinvirtiendo de todos los emergentes, sino de aquellos
que tienen mayores dificultades macroeconómicas o con problemas de crecimiento
importantes o una dependencia elevada del precio del petróleo", dijo Leonardo
Bazzi, responsable de Research de Puente. El fin del ciclo alcista de las
commodities encuentra a Argentina sin capacidad de maniobra para acomodarse a la
devaluación de sus socios comerciales, debido a la inflación mayor que acumula
respecto de sus pares. "El problema no pasa por el tipo de cambio nominal,
sino por la inflación", dijo Gabriel Caamaño Gómez, economista del estudio
Joaquín Ledesma. "Argentina no puede tener política de tipo de cambio flexible,
como sus socios comerciales, porque no tuvo una política fiscal austera en los
tiempos de auge de los commodities", explicó. Y de seguir con esta política,
previó que el tipo de cambio real multilateral cerrará el año en el nivel más
bajo desde la crisis de 2001. Argentina enfrenta atraso cambiario porque la
devaluación del 170,1% de su moneda desde diciembre de 2007 fue más que
compensada con una inflación acumulada del 363,3%, unas 15 veces más que el
promedio de sus socios comerciales, según datos de Ledesma. Con esta dinámica de
precios, una devaluación se traslada a la inflación en forma instantánea, como
la realizada a fines de 2013 y principios de este año. "En Argentina las
expectativas inflacionarias son altísimas, doce meses después de devaluar, esa
devaluación ya está incorporada a los precios. Lo único que se logra con una
devaluación es una carrera nominal. Y es altamente impopular tanto una
devaluación como un ajuste fiscal, así que en un año electoral el mal menor es
no hacer ninguna de las dos cosas, salvo un leve ajuste nominal del tipo de
cambio", explicó Caamaño Gómez. |