Por MARIANO GORODISCH -
El gobierno de Brasil le reclama a la Argentina (más precisamente, al Banco
Central) que destrabe la deuda que tiene con las autopartistas cariocas a cambio
de financiar con u$s 1.500 millones la obra de soterramiento del tren Sarmiento.
Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior del
Siglo XXI, estima que la deuda con las empresas brasileñas es de u$s 2.000
millones por piezas que ya fueron entregadas, pero aún no fueron pagadas. Según
sus cálculos, la deuda que el BCRA tiene con los importadores ronda los u$s
5.000 millones. La mitad corresponde a las automotrices y la mayoría de ellas
son de Brasil. Por este motivo, a fin de noviembre había 9.500 unidades a la
espera de piezas en las terminales de Córdoba, y a fin de diciembre el número de
autos sin terminar aumentó a 12.000. Es que de cada coche que se fabrica, el 85%
de los insumos son importados. Por eso, incluso, el atraso que se produjo con
los vehículos del plan Procreauto y la gran demora que hubo y sigue habiendo en
las entregas. Una vez que salieron a la luz las suspensiones y despidos en
el sector automotor a causa del freno a las importaciones, el gobierno dio un
cupo de u$s 100 millones mensuales para nuevas importaciones de autopartes, que
el secretario de Comercio, Augusto Costa, prometió que elevará a u$s 150
millones. Según trascendió, no aumentarán más la cifra, como reclaman las
automotrices, porque se guardan unos millones para ir cancelando deuda, aunque
lo harían a cuentagotas, para no sacrificar en gran medida las reservas del
Banco Central. Según indican, esa es una de las razones por las cuales a las
armadurías de Tierra del Fuego le habían dado un cupo mensual mayor, de u$s 120
millones, que se lo elevaron a u$s 180 millones el mes pasado. La deuda con
el sector comenzó la última semana de enero del año pasado, cuando el ministro
de Economía, Axel Kicillof, le pidió a los 90 importadores más importantes del
país (quienes concentran el 85% de las operaciones) volver a los plazos de pago
históricos del comercio exterior, que son 120 días, ya que hasta entonces se
venía pagando a los 45 días. Luego del arreglo con YPF, Ciadi y Club de Paris,
quedaba apenas un tema menor: los holdouts, por lo que se esperaba volver a
tener financiamiento internacional. Mientras tanto, era una estrategia para que
las reservas del BCRA no cayeran. Pero en junio, con el default a cuestas, todos
los planes se derrumbaron como un mazo de cartas: los proveedores y casas
matrices comenzaron a pedir pagos a 30 días y algunos hasta por anticipado, más
los retroactivos que se les debía. "Esta situación fue agravándose en la
industria electrónica, que en lugar de 100 modelos de celulares tenías 65, en
lugar de 20 modelos de tablets tenías 14", advierte Ponce, ex Subsecretario de
Industria. Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores,
recalca que la deuda que los economistas calculan en u$s 5.000 millones "está
concentrada en automotrices, electrónica, algunos laboratorios químicos o
farmacéuticos y otras empresas grandes, desde que en febrero pasado aceptaran el
pedido del gobierno de diferir pagos al exterior por 90 o 120 días, a cuyo
vencimiento ya no pudieron cancelar los totales acumulados. Así se siguió,
tratando que los cupos mensuales de liquidaciones aceptables para el BCRA fueran
incrementándose paulatinamente, permitiendo achicar el stock de deuda y no
perjudicar los pagos en término de nuevas operaciones". |