BELO HORIZONTE.- El gobierno brasileño dejó ayer una puerta entreabierta al pedido argentino de salvaguardias para proteger sectores industriales afectados por las exportaciones de Brasil, y admitió la posibilidad de adoptar algún mecanismo de transición hasta que se recuperen las actividades perjudicadas.
"La posición brasileña es de comprensión sobre la existencia del problema. Aunque no sea culpa de Brasil, por varios motivos, la Argentina se desindustrializó y está haciendo un esfuerzo para reindustrializarse", dijo el canciller brasileño, Celso Amorim, en una conferencia de prensa en la 27° reunión cumbre del Mercosur, ante una pregunta de LA NACION.
Tras la reunión bilateral realizada el viernes pasado en Buenos Aires, Brasil se comprometió a dar una respuesta antes del 10 del mes próximo al pedido argentino de protección para sectores industriales afectados por el flujo comercial brasileño.
Amorim dio a entender ayer que la solución para evitar la aplicación unilateral de salvaguardias por el gobierno argentino podría ser la propia limitación de los sectores industriales brasileños en sus ventas hacia la Argentina. El mecanismo ya fue adoptado por algunos sectores, como el papelero y el de calzados, con la presión discreta de la diplomacia brasileña sobre sus dirigentes industriales, como forma de neutralizar los conflictos con la Argentina.
"Queremos ver la propuesta escrita, negro sobre blanco. Si es para el mediano y largo plazo, la podemos aplicar, pero vamos a tener que hacer algo ahora con los sectores industriales que están sufriendo", dijo a un grupo de medios argentinos el subsecretario de Integración Latinoamericana y de Mercosur, Eduardo Sigal.
Según el canciller brasileño, cuya principal función en los últimos días fue desmentir que el Mercosur esté en crisis, Brasil comprende "que puede haber necesidad de una transición", para lo cual llegó a hablar de "mecanismos", que dijo que se encuentran en estudio. Pero dio una pista: "Creo que debemos incorporar soluciones inspiradas en los entendimientos que los propios empresarios están teniendo". Y deslizó una indirecta sutil al gobierno argentino al afirmar que los países del bloque "tienen que pensar una estrategia para enfrentar el mundo, porque si no logramos enfrentar el mundo, mucho menos podremos enfrentar nuestros mercados".
El Palacio de Itamaraty, la sede de la cancillería brasileña, está bajo fuego cruzado en su defensa estratégica del Mercosur. A los reclamos del gobierno y la industria argentina, se suma su propio sector fabril, que critica la actitud, que llama de "pasividad", en relación con las restricciones comerciales adoptadas por el gobierno de Néstor Kirchner. Internamente, sectores como el Ministerio de Hacienda, el Ministerio de Desarrollo y el Ministerio de Agricultura, son partidarios de endurecer las respuestas al gobierno argentino.
Autoflagelación
Ayer, el presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Productos Electroelectrónicos de Brasil, Paulo Saab, pidió que las restricciones a los electrodomésticos aplicadas por la Argentina "sean tema de la cúpula del Mercosur, y que el gobierno brasileño deje de lado su pasividad y solicite la revocación inmediata de la resolución 444/177, que impuso los cupos".
Sobre el clima de descrédito en relación con el Mercosur, Amorim expresó: "Hay una fila de países interesados en negociar con el Mercosur. Pero nosotros a veces padecemos un poco ese instinto de autoflagelación".
La 27° reunión del Consejo del Mercado Común del Mercosur, que ocurre dos veces al año, se realiza esta vez en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, y terminará mañana con la reunión presidencial en la ciudad colonial de Ouro Preto.
Ouro Preto tiene para la integración regional una simbología especial: exactamente una década atrás fue en esta ciudad de la época del imperio portugués donde se construyó el marco institucional para el Mercosur. Una década después, sectores empresariales de los dos principales socios critican el funcionamiento del bloque; las personas comunes continúan sin sentirse parte de un espacio integrado, y los gobiernos quedan envueltos en tensiones frecuentes por conflictos comerciales de peso económico reducido. Brasil quería mostrarle al mundo un clima de fiesta, pero el ánimo general no es de los mejores.
Por Luis Esnal |