Por Greg Ip, Tom Sims y Andrew Browne - El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo que la reducción del déficit presupuestal de EE.UU. y unas tasas de interés más altas son la respuesta a los temores de Europa sobre la debilidad del dólar, pero agregó que son los mercados los que tienen la última palabra. Sus comentarios parecían dirigidos a tranquilizar los temores de los socios comerciales de EE.UU. sobre el daño económico de un dólar que vuelve sus bienes menos competitivos en el mercado estadounidense. Pero Bush no dijo nada nuevo para apoyar al dólar. "Creemos que los mercados deberían tomar la decisión sobre la relación entre el dólar y el euro", dijo Bush después de que el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, planteara el asunto durante una reunión en la Oficina Oval. Y mientras ambos estaban reunidos, el dólar volvió a caer con la noticia de que los inversionistas extranjeros redujeron sus compras de acciones y bonos estadounidenses. EE.UU. depende de esas compras para financiar sus deficit presupuestales y el gasto de los consumidores. Pero Bush agregó que trataría de crear las condiciones para "que surja un dólar fuerte". "Haremos todo lo que podamos en la próxima sesión legislativa para enviar una señal al mercado de que manejaremos nuestro déficit, lo que esperamos haga que la gente quiera comprar dólares", agregó. En un comentario poco habitual, Bush agregó que la Reserva Federal, bajo "el liderazgo de Alan Greenspan, elevó las tasas de interés una vez más, en una señal a los mercados mundiales de que el presidente [de la Fed] también está consciente de las valoraciones monetarias relativas entre el euro y el dólar". La Fed elevó el martes su objetivo de la tasa de interés interbancaria, del 2% al 2,25%, lo que representa su quinto aumento consecutivo de un cuarto de punto porcentual en lo que va del año. Son raras las veces que la administración Bush hace comentarios respecto a la Fed, un organismo independiente, aunque ambos suelen consultarse, especialmente en cuestiones de política cambiaria. Funcionarios estadounidenses, europeos y japoneses parecen coincidir en que es poco lo que se puede hacer para detener la caída del dólar si eso es lo que dicta el mercado. En lugar de eso, su atención se concentra en asegurar que no caiga demasiado rápido, al asegurar a los inversionistas que los países están combatiendo las causas fundamentales de su debilidad. En los últimos años, funcionarios estadounidenses han desviado el significado de la noción de "dólar fuerte", alejándola de una cuestión de nivel y asemejándola más a los valores fundamentales que determinan su valor a largo plazo: el crecimiento económico, la baja inflación y el presupuesto equilibrado. Por el momento, la mayor parte de los economistas consideran que las variables fundamentales exigen un dólar más débil. Los funcionarios del gobierno federal no disputan esto, pero también se muestran firmes en que una política de devaluación deliberada no producirá ningún beneficio duradero y conlleva enormes riesgos. Más aún, a pesar del discurso, en teoría contrario, las autoridades europeas comparten ampliamente esta opinión. Ayer, el Banco Central Europeo, en su primer "Informe de Estabilidad Financiera", se refirió al déficit de cuenta corriente de EE.UU. como uno de los mayores riesgos para la estabilidad financiera global, además de una posible causa para una caída abrupta en el valor del dólar. |