Las diferencias llegan al gabinete del presidente Lula da Silva. El ministro de Industria, Luiz Furlan, representa a los empresarios que consideran un lastre al Mercosur y quieren que Brasil negocie prioritariamente el ALCA HORACIO RIGGI Ouro Preto Enviado especial La XXVII Cumbre del Mercosur, que se desarrolló durante la semana pasada en las ciudades brasileñas de Belo Horizonte y Ouro Preto, dejó en claro dos conceptos: primero, que el Ministerio de Industria de Brasil no comparte la idea del resto del gabinete de Lula da Silva de ayudar a la reindustrialización de la Argentina. La segunda conclusión no deja de ser sorprendente: hace mucho tiempo que un gobierno argentino no tiene una línea tan definida en cómo hay que enfrentar la relación comercial con el principal socio comercial. Se puede compartir o no, pero lo cierto es que hasta ahora la administración de Néstor Kirchner no se aparta ni un grado de la ruta que conduce a su objetivo: No entregar el mercado industrial a Brasil.
En este último punto sobresalió el discurso que Kirchner leyó en la Cumbre y que tuvo como principal destinatario a Brasil. A diferencia de otras veces, Kirchner no fue duro por su estilo. Esta vez, el mensaje tiene el pleno consenso del resto del Gobierno. Es decir, coincide con lo que piensan el ministro de Economía, Roberto Lavagna, el canciller, Rafael Bielsa, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía, y el secretario de Industria, Alberto Dumont. En definitiva el Gobierno está convencido de que hay que introducir salvaguardas en el Mercosur porque el bloque comercial es una unión aduanera imperfecta. Si Brasil no las incorpora, la Argentina seguirá defendiendo los intereses de la industria nacional y no levantará las restricciones comerciales que rigen para los sectores sensibles y que frenan las importaciones desde el principal país del Mercosur.
"El nivel de compromiso que se manifiesta por los presidentes en cada cumbre no se condice con los avances posteriores entre reunión y reunión", dijo Kirchner en Ouro Preto. "Las decisiones presidenciales no se reflejan en la mesa de negociaciones posteriores, donde parecen primar los problemas coyunturales locales por sobre la perspectiva estratégica regional", aseguró el presidente y afirmó que el Mercosur dejó librado sólo al mercado la posible integración, relegando la labor proactiva que los Estados deben asumir para producir efectos económicos concretos.
Para el gobierno argentino la manera de encauzar el Mercosur pasa por cumplir con el Tratado de Asunción, que ofrece el marco adecuado para posibilitar la eliminación de asimetrías entre las economías del bloque.
Sin embargo, esta posición que es entendida por la diplomacia brasileña no es compartida por el ministro de Industria, Luiz Furlan. Tampoco la quieren ver aplicada una minoría de poderosos ultraliberales empresarios brasileños que prefieren romper con la Argentina antes de ayudar a la reindustrialización de su vecino. La idea de estos hombres de negocios es comenzar a avanzar en un acuerdo con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Tal situación provoca tensiones en Brasil. Mientras Furlan asegura que la Argentina no evalúa en cómo ser más competitiva sino en cerrar cada vez más su mercado, el canciller Celso Amorim dijo que pensar en una Argentina sin industrias en políticamente incorrecto, psicológicamente incorrecto, y económicamente inviable.
Furlan, un hombre vinculado a Sadia, la principal cadena de ventas de pollos de Brasil, es un duro contrincante no sólo para los negociadores de otros países sino para Lula. La tensión en el gobierno brasileño por el caso argentino es cada vez más fuerte. Un ejemplo de esto es un consejo que el propio Lula le habría dado al gobierno argentino. "Nunca negocien algo con Furlan sin un testigo adelante". |