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Por Javier Blanco -
Los banqueros y los empleados
bancarios sellaron esta semana una inédita alianza para reclamarle al Gobierno
la emisión de un billete de mayor valor que el de 100 pesos, el actual de máxima denominación. Lo hicieron
por los inconvenientes y sobrecostos que provocan la enorme cantidad de papel
moneda que se ven obligados a manejar y por los problemas que les genera en la
relación con el público y las empresas.
El pedido fue firmado por tres de las cuatro cámaras que agrupan
a las entidades del sistema financiero (sólo se abstuvo la que representa a la
banca pública y cooperativa) y fue acompañado por La Bancaria, el gremio que
representa a los empleados del sector. Se oficializó mediante una carta
dirigida al presidente del Banco Central (BCRA), Alejandro Vanoli, en la que
mencionaron las ineficiencias que la negativa oficial a imprimir un billete de
más valor provoca en la actividad en general.
Según cifras del sistema, el 56% de los retiros por cajero
automático superan hoy los 2000 pesos. Y la extracción promedio, que era de $
380 en febrero de 2008, ronda los $ 1500 en la actualidad.
Esto obliga a los bancos a cargar las expendedoras cada vez con
más billetes de $ 100, al extremo de que hoy hay cajeros que sólo se llenan con
billetes de esa denominación. "Hay faltante de billetes más chicos y aun
si los tuvieras, la capacidad del cajero se agotaría más rápido de lo que lo
hace aún hoy", señalan.
"El empecinamiento del Gobierno en no emitir billetes de
mayor denominación no sólo aumenta los gastos asociados a la emisión monetaria
(porque se tienen que imprimir más billetes de $ 100), sino que complica el
movimiento de dinero para los bancos y el público", advirtió el economista
Gastón Rossi.
La resistencia oficial al respecto se hizo más visible al cabo
del último año y medio, cuando -siendo ya notoria la necesidad de billetes de
mayor denominación- la presidenta Cristina Kirchner se encargó de presentar y
ponderar la emisión de tres nuevos billetes con denominaciones bajas y, por lo
mismo, marcadamente desactualizadas por la inflación.
Esa serie comenzó con el rediseño del billete de $ 100 con la
imagen de Evita, en la calle desde hace más de un año, aunque la apuesta
oficial para que desplace totalmente al tradicional (con la imagen del General
Roca) debió quedar archivada, ya que el ritmo indexatorio que tuvo la economía
desde entonces no dio tiempo a imprimir la cantidad que se necesitaba para
hacer el reemplazo total.
Esa imposibilidad se hizo visible pese a que la Casa de Moneda
invirtió en nuevas impresoras y que -en un intento de tapar además las
maniobras de un fondo de inversión controlado por allegados al vicepresidente
Amado Boudou- a su estructura productiva se sumaron las instalaciones de la ex
Ciccone Calcográfica.
En diciembre de 2000, los billetes de $ 100 representaban el
22,3% del total de la circulación. Hoy ya llegan al 66,4%, es decir, algo más
de dos de cada tres de los que están en circulación. Esto significa que la
cantidad de billetes en el período se incrementó 931%, mientras que la cantidad
de unidades de $ 100 aumentó tres veces más (2957%).
El marcado desbalance que alcanzó la oferta monetaria provocó
incluso que el billete de $ 100 pase a ser el único de la línea de emisión
vigente en estar identificado con hasta dos letras de serie, ya que el BCRA
agotó hace 22 meses el abecedario para numerarlo.
La saga de lanzamientos, siempre realizados desde la Casa
Rosada, continuó meses después con la presentación de una nueva imagen para el
billete de $ 50, con ilustraciones de las islas Malvinas, ya en circulación. Y,
más recientemente, con la de un nuevo billete de $ 100, conmemorativo de la
lucha que llevaron adelante las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo durante la
última dictadura.
Quedan así a la vista al menos tres oportunidades que el
Gobierno desaprovechó para dotar de algo de utilidad a la afición que muestra
por rediseñar o renombrar cosas.
En los bancos recuerdan que el pago del salario promedio
registrado, que demandaba 9,3 billetes en los 90, ahora insume 107,3. "Y
no es porque el poder de compra creció 11,5 veces en ese lapso", apuntan.
Agregan que, pese a los avances en el uso de medios electrónicos
de pago, los problemas afectan más a los sectores más rezagados de la sociedad,
que no cuentan con tarjetas o que se manejan aún con recelo hacia ellas y prefieren
el efectivo.
Y señalan la pérdida de valor que tuvo el billete de $ 100
(equivale a US$ 11,2 al cambio oficial, su peor relación histórica y la menor
de la región) como la mayor causa de problemas.
"Los costos logísticos se dispararon. Es sólo cuestión de
mirar los balances de las transportadoras de caudales y ver que la Argentina es
el país en el que mejor les va", apuntaron en una entidad sin dejar de
mencionar la mayor frecuencia de desperfectos en cajeros, en momentos en que se
demora el ingreso al país de nuevo equipamiento por las restricciones a las
importaciones.
En el BCRA reconocieron el planteo del sector, pero reiteraron
que la entidad no tiene bajo análisis nuevos billetes, dejando a la vista que
hasta esas decisiones le son ajenas hoy pese a los costos que le toca enfrentar
por ello, que crecieron 18 veces en los últimos 10 años.
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