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| Bush, sin aliados en Asia en su |
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22/10 - 11:43 The Wall Street Journal |
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Por Phillip Day
SINGAPUR — En su campaña por convencer a China de que permita una apreciación del yuan frente al dólar estadounidense, Washington no ha encontrado mucho eco en las naciones de la región de Asia Pacífico.
Y es que China está ahora tan integrada con países como Japón, Corea del Sur y Taiwan, que si su economía resulta golpeada por una flotación prematura de su moneda, como muchos economistas y funcionarios chinos anticipan, el resto de Asia sufrirá las consecuencias.
Es por eso que EE.UU. no ha encontrado aliados en Asia mientras intenta presionar a China para que permita al yuan —cuyo valor está fijado por el gobierno de Pekín en una estrecha banda frente al dólar— reaccionar a las fuerzas del mercado, una iniciativa que según los políticos de EE.UU. fortalecerá la moneda y restaurará la equidad en el comercio entre EE.UU. y China.
Un yuan débil abarata las exportaciones de China en el extranjero, dándole lo que algunas compañías y sindicatos en otros países dicen ser una ventaja injusta que causa la pérdida de puestos de trabajo.
La falta de apoyo asiático para provocar un cambio en el régimen cambiario chino se hizo evidente el mes pasado, cuando el Secretario del Tesoro de EE.UU., John Snow, se reunió con sus homólogos de las naciones de Asia Pacífico. Y se vio una vez más durante la reciente reunión del presidente estadounidense George W. Bush en Bangkok con líderes del Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), donde estos reiteraron su falta de entusiasmo.
La política cambiaria es "algo que China debería decidir por sí sola de una forma que sea coherente con los intereses de China", dijo el lunes el viceministro de Finanzas de Japón, Masakazu Hayashi.
El relativo silencio de sus vecinos le ha permitido a China clamar un papel de liderazgo en la protección del bienestar económico de la región. Al igual que durante la crisis financiera asiática de 1997-98, China ahora sostiene que la estabilidad de su moneda es esencial para Asia en su conjunto.
El domingo anterior a la reunión de Bangkok, Bush se reunió con el presidente chino, Hu Jintao, y lo instó a permitir una libre flotación del yuan. Hizo lo mismo con el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, en Tokio la semana pasada. Ambos líderes rechazaron la sugerencia de Bush.
Ante la obvia falta de apoyo asiático, dista mucho de ser claro si Bush realmente espera convencer a cualquiera de los dos países para que cambie de rumbo. No es ni siquiera claro si el gobierno estadounidense le está dando la misma importancia al asunto de la moneda china en conversaciones privadas como lo hace en sus pronunciamientos públicos.
De hecho, algunos observadores políticos de EE.UU. creen que la iniciativa de Bush sobre el yuan está dirigida tanto a los votantes en estados predominantemente industriales en el país que a los líderes asiáticos. Y es que fabricantes, legisladores y candidatos presidenciales del Partido Demócrata han utilizado el tema de China para atacar al gobierno de Bush.
La política actual de China tampoco es tan favorable para el resto de Asia. Un yuan atado al debilitado dólar golpea a los países asiáticos que compiten con China en otros mercados. Al fortalecerse sus monedas frente al dólar, también se fortalecen en relación con el yuan. Eso hace a sus exportaciones más costosas y es una de las razones por las que estos países han estado haciendo grandes esfuerzos para detener el fortalecimiento de sus propias monedas. Durante los pasados seis meses, el yen se ha apreciado más de un 9% frente al dólar y al yuan. El baht tailandés está al alza alrededor de un 7%; el won sudcoreano ha ganado alrededor del 3%.
Pero algunos analistas dicen que los esfuerzos de los gobiernos asiáticos para desacelerar la apreciación de sus monedas frente al dólar estadounidense demuestran la poca importancia que dan a las críticas de Washington.
"Viendo cómo los bancos centrales de Asia intervinieron en sus divisas en anticipación a la visita del presidente estadounidense a la región, podemos decir que ya hay un acuerdo tácito en marcha para responderle a EE.UU.", dice dijo Chris Leung, economista de DBS Bank en Singapur.
Además, los países asiáticos tienen una razón de peso para no querer que China desvincule a su moneda del dólar: cooperan tan estrechamente con China, que una inestabilidad ahí golpearía rápidamente sus economías.
Los componentes electrónicos de alta calidad son fabricados en Corea del Sur o Taiwan o en algún otro país de Asia, ensamblados en fábricas de bajo costo en China y enviados a consumidores en los países occidentales. China es ahora el principal destino de las exportaciones de Corea del Sur y Taiwan.
"Más exportaciones hacia China, o un mayor mercado para China también significa un mayor mercado para Corea y más exportaciones para Corea", dice el ministro de finanzas y economía de Corea del Sur, Kim Jin Pyo. "Por un lado, tenemos la competencia y por el otro, tenemos una relación de tipo complementario. ¿Qué lado es mayor? y ¿cuál es más beneficioso? son preguntas muy difíciles de responder". Pero todo ello no quiere decir que los líderes asiáticos permanecerán completamente al margen del debate sobre la política cambiaria de China. El señalar la inflexibilidad de China podría ayudarlos a desviar las críticas hacia sus propias políticas. |
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