Por Néstor O. Scibona - Aunque los datos fiscales de febrero se hayan difundido en función trasnoche y sin explicación, es un hecho que el aumento del gasto público es y será un protagonista clave en la campaña electoral del oficialismo. A lo largo de toda la era K, el gasto vino creciendo por encima de la inflación, y mucho más en los años electorales (con un récord de 47% en 2007, cuando Cristina Kirchner alcanzó la Presidencia). La novedad, en este caso, es que esa tendencia ya se verifica desde fines de 2014 y que ahora los ingresos tributarios crecen a la par o por debajo de la inflación. Los tardíos números oficiales lo corroboran. La fuerte suba del gasto primario (39% interanual) resultó en febrero 13 puntos porcentuales más alta que la de los ingresos tributarios (25,8%). En el primer bimestre, el déficit fiscal creció 176%, y si se descuenta el auxilio récord del Banco Central y la Anses, el rojo no sólo subió de tono (137%), sino que ya supera los $ 36.500 millones. En este prematuro desborde fiscal, tres rubros explican claramente el uso político-electoral del gasto. Uno es el gasto en personal, que subió muy por encima (39,4%) de los aumentos salariales acordados en las paritarias 2014 para los estatales. Ya sea porque se incorporaron más empleados en la administración nacional y en las provincias (las transferencias treparon 46,2%) y porque también aumentaron mucho los sueldos de cargos políticos. Otro son los subsidios para mantener congeladas las tarifas de energía y transporte (especialmente en el área metropolitana de Buenos Aires, la de mayor número de votantes), que volvieron a crecer a un ritmo de 44% interanual en febrero, tras una pausa contable en enero (21,5%). Finalmente, los gastos de capital (obra pública) tuvieron en el bimestre un incremento de nada menos que 45,4%. Aun sin cifras oficiales, nada indica que esta tendencia haya cambiado en marzo. De hecho, el gobierno de CFK dispuso subas en las asignaciones del Plan Progresar, en la ayuda escolar para beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y reintegros de retenciones a pequeños productores de granos, además de tres ampliaciones del Presupuesto 2015 para pagar los sueldos del Consejo de la Magistratura. A medida en que se acerquen las PASO de agosto y las elecciones de octubre, todo indica que CFK mantendrá la estrategia de poner más plata en los bolsillos de los votantes para mejorar las chances electorales de quien vaya a ser el candidato del oficialismo. En la lista de próximas medidas, está el aumento de la AUH -que no se ajusta desde hace casi un año-, la resistida modificación del impuesto a las ganancias para los asalariados (probablemente con una separación de escalas, más que la suba del mínimo no imponible, que tendrá algún retoque) y el ajuste automático de las jubilaciones en septiembre, que se anunciará un mes antes. De ahí que, según estimaciones privadas relativamente conservadoras, el déficit primario para 2015 (sin rentas del BCRA y la Anses) apunte por encima de los $ 320.000 millones (el doble que en 2014) y que la "maquinita" financiaría más de 90%, a menos que el Tesoro pueda seguir colocando deuda para no dejar al BCRA en infracción a su Carta Orgánica. Para el gobierno de CFK, lo mejor está por venir en materia de aumento del gasto preelectoral. Para los candidatos a sucederla, lo peor será contener esa inercia y evitar que la inflación se desboque en 2016, apenas asuman.. |