Por: Alejandro A. Tagliavini (*) - El déficit fiscal sigue subiendo a pasos agigantados y llega en febrero a un "rojo" de $ 16.393 millones, un 111% más que en igual mes de 2014. Así, en los dos primeros meses de 2015 el déficit acumulado asciende a $ 29.855,7 millones, un 176% más que en igual período del año anterior. En gran parte debido a los subsidios, que han crecido en forma exponencial desde 2006 hasta llegar a representar poco más del 30% del crecimiento del gasto primario en 2014, más del 5% del PBI, según un experto del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Precisamente, el déficit público ya supera el 5% del PBI.
Lo irónico de todo esto es que el 20% de la población de mayores recursos se queda con el 30% de los fondos destinados a subvencionar las tarifas de servicios públicos, mientras los dos deciles de menores ingresos reciben el 10%, según el experto del CIPPEC. Esto me parece muy optimista, porque la realidad es que el asistencialismo y la inversión estatal suelen ser beneficio crudo para los ricos a costa de los pobres, ya que se solventa con impuestos que recaen sobre los de menores recursos.
A ver: en el mercado las transacciones, al ser pacíficas y voluntarias, se dan sólo cuando ambas partes se benefician aumentando su productividad. Por caso, quien tiene reparto de leche compra un camión, aumenta el reparto y con la mayor ganancia agranda su negocio, lo que provoca un aumento en la demanda de mano de obra. En cambio, el cobro de impuestos es coactivo precisamente porque el pagador no recibe nada eficiente a cambio y, por tanto, es reacio a pagar. Impuestos que no son absorbidos por un aumento de la productividad, sino que, entonces, son derivados hacia abajo, como el empresario que sube precios o baja salarios, y empobrece a los pobres.
Los subsidios, además, son otro de los tantos factores que desincentivan las inversiones dado que la rentabilidad empresarial ya no depende de la eficiencia de la empresa, sino del capricho del funcionario que decide montos y tarifas. Según datos oficiales, a fines de 2011 la inversión sobre el PBI fue del 19% y hoy ha bajado al 17%. Pese al cepo sobre las importaciones, el déficit del balance comercial de manufacturas industriales en los dos últimos años sumó u$s 55.000 millones, lo que deja al descubierto una economía cada vez más dependiente de insumos y bienes importados.
Dólar artificialmente bajo de por medio, la balanza comercial registró en marzo un superávit de u$s 43 millones, lo que representa una baja del 33% en forma interanual, según el INDEC. El propio ministro de Economía dijo que los u$s 75.000 millones que ingresan por año al país son asignados al pago de importaciones, a gastos turísticos y al dólar "ahorro". Para colmo de males, además del atraso cambiario, los exportadores y productores en general tienen que soportar -gracias al tamaño del Estado- un "costo argentino" en impuestos, trabajo burocrático, etc. y hasta transporte de cargas.
Por caso, poner un contenedor de 20 pies de Mendoza en el puerto de Buenos Aires tiene un costo aproximado de u$s 2.800 por un viaje tipo "round trip", mientras que traer el mismo contenedor desde Shanghái cuesta u$s 400, sin incluir gastos portuarios. Frente al alto costo logístico local, crece el número de empresas argentinas que están optando por sacar su carga por los puertos chilenos, sobre todo si los mercados de destino son los EE.UU. o países asiáticos.
Desde hace meses que el Gobierno destina unos u$s 500 millones mensuales para satisfacer la demanda de los pequeños ahorristas, algunos de los cuales los compran a $ 10,6 para venderlos después en el "blue" a $ 12,8 y lograr una ganancia del 21%. El Gobierno, por cierto, conoce esta bicicleta y la usa para mantener a raya el dólar informal, como si la moneda estadounidense fuera la culpable de la inflación y no el exceso de emisión monetaria, del peso que promete estallar cuando la venta de Lebac no alcance para absorber los billetes sobrantes.
Mientras el reloj de la bomba peso hace tictac, la moneda privada, el bitcoin -que hoy cotiza a u$s 225- se afianza en internet y se expande al mundo real al punto que ya hay un taxi en Buenos Aires que los acepta. Se estima que hay un 60% más de usuarios que hace un año, alto crecimiento que se debe a que es un medio de pago que abarca usuarios de diferentes países, bancarizados o no, con o sin tarjeta de crédito, con costos muy bajos y sin intermediarios. Según la ONG en formación Bitcoin Argentina, existen al menos 8.000 usuarios en el país que hacen transacciones por unos uSs 40.000 diarios, tanto en compraventa de la bitcoin como en pagos.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. |