Por Néstor O. Scibona - Limpio de cifras distorsionadas, chicanas políticas y teorías conspirativas, el único anuncio concreto que formuló ayer el ministro de Economía es que pagarán menos impuesto a las ganancias los asalariados que cobren sueldos brutos de 15.000 a 25.000 pesos mensuales, y que el gobierno de Cristina Kirchner no está dispuesto a subir el mínimo no imponible (MNI). Por lo tanto, si incluye a los que estaban exentos, habrá más pasajeros dentro de este colectivo impositivo, aunque casi siete de cada 10 pagarán una tarifa más baja y los tres restantes, otra mucho más alta. Esta medida -anticipada por LA NACIÓN- no deja de ser otro parche para este controvertido impuesto, que hasta ahora dejaba fuera de su alcance a quienes hasta agosto de 2013 percibían menos de $ 15.000 (o $ 25.000 en las provincias patagónicas), por más que después hubieran superado ese piso con ajustes salariales. Para quienes ya cobran más de $ 25.000 la presión tributaria será mayor, porque la resolución de la AFIP elevará deducciones para el tramo más bajo, pero no las escalas, que los obligan a pagar las alícuotas más altas. Casi todo lo que dijo Axel Kicillof es discutible o cuestionable. Incluso cuando desmintió un tope salarial para las paritarias. Si hubiera que atenerse a sus palabras, la UOM habría dispuesto el paro de 36 horas a partir de mañana por la información publicada por casi todos los diarios (aunque sólo mencionó a Clarín). No obstante, el propio Antonio Caló admitió haber recibido presiones oficiales para desistir del reclamo de 32% de aumento, aunque optó por no identificar de dónde provinieron. Es un secreto a voces que dentro del gabinete de Cristina Kirchner hay tironeos sobre los porcentajes de ajuste salarial a homologarse. El parche en Ganancias no los resuelve. Así, el titular de la CGT oficialista no la tiene fácil. Si ratifica el paro, se expone a la conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo, pero también al no acatamiento de las bases, que rechazan un aumento inferior. Si no, quedaría descolocado como en 2014, cuando aceptó un 29% y en el último verano debió negociar dos adicionales de emergencia de $ 1000 mensuales. Para Kicillof, en cambio, el año pasado no hubo deterioro, sino recuperación del salario real, pese a que la mayoría de las consultoras privadas calculó caídas de 5 a 7%. Su fórmula consistió en comparar los aumentos salariales de 2014 (de 30% en dos o tres tramos) con las estimaciones privadas más altas (como la del índice Congreso, que rebautizó "IPC-Pato Bullrich"), pero sin incluir el salto inflacionario del primer trimestre, empujado por la devaluación de enero de 2014. Entre enero y diciembre, sólo el Indec midió una suba de 23,9%, casi 12 puntos menos que los cálculos privados (en torno de 35/37%). Incluso, sostuvo que un 2% de inflación mensual equivale a 24% anual, cuando anualizado se eleva a casi 27%. No sólo eso. El ministro exhortó a los empresarios a no trasladar aumentos salariales a precios, como si muchos sectores pudieran absorber subas de 25% con una inflación de esa magnitud. Y también a aumentar inversiones, como si el horizonte económico no llegara a apenas cinco meses. Paralelamente, comparó el impacto de Ganancias con los aportes a obras sociales sindicales, TV por cable, colegios privados y medicina prepaga, como si la mayoría de esos rubros no estuvieran regulados por el Estado. Y hasta argumentó que la recaudación permite mantener los subsidios al transporte y la energía para que los trabajadores paguen menos tarifas, como si el gasto público en este rubro ($ 250.000 millones) no duplicara la recaudación total del impuesto. Tampoco se privó de atacar a Sergio Massa y su propuesta de reemplazar Ganancias para los trabajadores por un impuesto a la renta financiera y otro a los juegos de azar. Es cierto que la recaudación de un gravamen a los depósitos a plazo fijo (que estimó en $ 16.000 millones) sería inferior en casi cinco veces a la de la cuarta categoría ($ 70.000 millones). Pero lo tragicómico fueron sus argumentos: dijo que era irresponsable bajar impuestos sin recortar gastos. Para Kicillof, la fórmula ha sido subir sin límites el gasto público y la emisión para financiar el déficit fiscal, a costa de un mayor impuesto inflacionario. Por último, no es cierto que Ganancias sólo alcance al 10% de los trabajadores en blanco (alrededor de un millón de asalariados) como afirmó el ministro (en el informe distribuido decía 11,3%). Esa cifra excluye a un número similar de autónomos y profesionales cuyo MNI no llega a $ 6000 mensuales y sufren al igual que el resto (y unos 70.000 jubilados de haberes altos) una altísima presión tributaria por la deliberada desactualización de las escalas del impuesto, inamovibles desde hace 15 años.. |