El presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, avanzó ayer con otro simbólico recorte en las tasas de interés para el sistema financiero. El recorte, resuelto en un contexto de calma cambiaria por la llegada de los dólares de la cosecha y las colocaciones de deuda que hizo el Gobierno, fue de apenas un cuarto de punto porcentual (25 puntos básicos) y recayó sobre las Letras que son a 120 días. Los rendimientos quedaron, de esta manera, en el 25,92% anual para los instrumentos que son a tres meses de plazo y en el 26,39% anual en los que son a cuatro meses.
El Central encuentra espacio para abaratar el costo del dinero, en un esfuerzo por apuntalar la actividad y dar un mayor impulso a la economía de cara a las elecciones de octubre, en un momento en que el sistema financiero muestra altos niveles de liquidez. La tibia demanda de empresas y particulares que todavía se percibe en los créditos genera exceso de pesos en las entidades, que encuentran atractivo posicionarse en Letras que ya dan retornos muy cercanos a la inflación (hoy del 30%, según las consultoras privadas). El organismo resolvió empezar a bajar gradualmente las tasas de interés desde mitad de enero y empinar la curva de rendimientos de las Letras, de manera que las tasas de mayor plazo sean sensiblemente más atractivas que las de corto plazo. Los efectos que logra de esta manera son, en primer lugar, alargar el perfil de vencimientos que tiene el Banco Central, de modo que el mayor peso se perciba después de las elecciones de octubre próximo; y en segundo lugar, hacer más accesibles los costos que recaen sobre los consumidores, que son los que rigen para créditos y plazos fijos.
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