La moneda única volvió a registrar un nuevo récord histórico frente al billete verde tras alcanzar la cota de 1,36 dólares, en una sesión en la que la volatilidad en el mercado de divisas se vio favorecida por la escasa actividad debido a las festividades navideñas. Los inversores parecen descontar que los bancos centrales no cambiarán de estrategia, al menos a corto plazo, a pesar a los bruscos movimientos apreciados en el mercado. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, ha asegurado en diversas ocasiones que las últimas alzas del euro y los movimientos bruscos en los mercados de divisas “no son bienvenidos”. Sin embargo, la moneda única ha proseguido sus avances frente al billete verde sin que el organismo emisor de la eurozona haya mostrado más síntomas de alarma y sin que ninguno de los miembros de su consejo de Gobierno haya recordado la posibilidad de intervenir en el mercado.
Mientras, la Administración Bush se ha mostrado también en diversas ocasiones partidario de favorecer una política de dólar fuerte, sin que las palabras tanto del presidente, George W. Bush, como del secretario de Estado del Tesoro, John Snow, se haya traducido en hechos palpables. De hecho, los inversores consideran que, en realidad, la primera economía mundial se está viendo favorecida por el descenso en la cotización del dólar, ya que de esta forma se vería facilitada la financiación de los elevados déficits comercial y presupuestario que arrastra la economía de EEUU, uno de los factores que más inquietan a los inversores.
Para los analistas, en estos días confluyen una serie de factores que favorecen de forma clara la subida del euro frente al dólar. La tolerancia de la Administración Bush con la debilidad del dólar es uno de los puntos clave, junto con las escasas probabilidades de que el BCE opte por intervenir en el mercado con una intervención para frenar los ascensos del euro. El mercado tiene claro que EEUU tiene el control y que bloqueará todo movimiento que contradiga a sus intereses.
Mientras, el yen recortaba las pérdidas que presentaba frente al dólar después de la sucesión de desastres naturales acontecidos durante el fin de semana en el Sureste de Asia.