El Banco Central Europeo (BCE) esperará hasta la segunda mitad de 2005 para subir los tipos de interés, debido principalmente a la fuerte apreciación del euro con respecto al dólar, a que la recuperación económica aún no está afianzada y a que por el momento no se registran presiones inflacionistas significativas, según los analistas consultados por Europa Press. "El BCE tenía que haber subido antes los tipos, tuvo la oportunidad para hacerlo pero ha perdido el momento", explicó el analista de Caja Madrid, Juan Antonio Cabrera, quien predijo que el instituto emisor se tendrá que limitar a subir los tipos directores en un cuarto de punto tanto en el mes de septiembre como en el de diciembre.
Cabrera atribuyó esta subida al fuerte alza del euro con respecto al dólar, y no descartó que la moneda única supere el umbral simbólico de los 1,40 dólares si no se lleva a cabo algún tipo de política consensuada que permita corregir dicho desequilibrio.
Estimó que una forma de alterar esta situación sería la implantación de reformas estructurales en la eurozona y Japón, así como una estimulación del ahorro interno en Estados Unidos, ante la dificultad de combatir el déficit sólo con la política de permisividad con la depreciación del dólar practicada 'de facto' por la Administración Bush, a pesar de su continua y vacua defensa de un dólar fuerte.
"No descartaría una intervención del BCE en el mercado monetario, como ha hecho el Banco de Japón", explicó Cabrera, y recordó que esta es una de las medidas para estimular el crecimiento de las que dispone el BCE.
Descartó en cambio que la entidad que preside Jean-Claude Trichet vaya a apostar por una reducción de los tipos, ya que la situación de tipos reales negativos --por debajo de la inflación-- en la eurozona genera una cierta "inestabilidad financiera", principalmente en sectores como el inmobiliario o el de la deuda pública.
"No creemos que una bajada de tipos vaya a tener efecto sobre el crecimiento o sobre los tipos de cambio", precisó, e hizo hincapié en que la liquidez actual es excesiva para financiar un crecimiento no inflacionista y en que una bajada de tipos añadiría aún más liquidez, profundizando el riesgo de volatilidad.
Elena Nieto, analista de BBVA, coincidió con esta previsión de un incremento total de medio punto en los tipos para la segunda mitad de 2005, repartido entre los meses de septiembre y diciembre, así como en atribuir el retraso de esta medida a la actual situación del euro. Destacó que en el escenario previsto por su servicio de estudios se han incluido unas previsiones sobre el precio del barril Brent "menos optimistas" que las mantenidas durante casi todo 2004 y más en línea con la situación actual. Predicen así una media anual de 37,3 dólares el barril y cerrar el año en torno a los 35,34 dólares.
Por su parte, el director técnico de Finagentes Gestión, Daniel López de Argumedo, apostó por una colaboración entre las principales zonas económicas para favorecer una "corrección más simétrica" de los tipos de cambio. Explicó que, después del protagonismo asumido por el euro en 2004, las divisas asiáticas deberían tomar el relevo en 2005, ante la creciente reticencia de los bancos centrales asiáticos a seguir respaldado al dólar estadounidense.
Según López de Argumedo, el yen debería apreciarse hasta un nivel de entre 95 y 100 yenes por dólar, mientras que el yuán chino debería experimentar una apreciación de entre el 20 y el 25%.
Recordó que en la próxima reunión de los ministros de Finanzas del G7, el próximo mes de febrero, podrían discutirse posibles medidas de ajuste, pero advirtió de que, si se produce una "absoluta falta de cooperación", podrían adoptarse medidas unilaterales. En este sentido, también indicó que existen posibilidades de intervención del BCE, y apuntó que podrían producirse de entrar la moneda única en el rango de entre 1,36 y 1,38 dólares.
Evocó asimismo la situación en Alemania, la locomotora económica de la zona euro, que se enfrenta a un serio problema de consumo interno como consecuencia de las incertidumbres sobre las recientes externalizaciones en la industria, principalmente a los países del Este, lo que contribuye a que el crecimiento de la eurozona se mantenga en niveles bajos.
El responsable del departamento de economía y estrategia global del banco holandés ABN Amro, Robert Lind, recordó, por otra parte, que las autoridades monetarias americanas ven que la debilidad del dólar es necesaria para restaurar el equilibrio en la economía estadounidese.
La entidad holandesa considera que la depreciación del dólar no sólo es un problema para el crecimiento europeo, sino que también tendrá una gran influencia en la economía global, y que el fortalecimiento de las divisas europea y japonesa deteriorará la competitividad y minará las exportaciones y el gasto doméstico en estas regiones, reduciendo el crecimiento mundial del PIB del 5 al 4%.