El principal desafío económico para 2005 es el del ajuste de los desequilibrios de cuenta corriente globales. Ni el alza indefinida del endeudamiento externo estadounidense, ni el traspaso de los déficits de Estados Unidos a las economías con régimen de tipo de cambio flotante es una solución satisfactoria. Lo que se necesita es una cooperación global.
Al ser el país al que se considera más digno de crédito y el que tiene los mercados de crédito más abundantes y líquidos, EE.UU. ha sido el proveedor de demanda de último recurso, pero ahora está en una senda no sustentable. Su déficit de cuenta corriente creció a cerca de 6% del Producto Interno Bruto, mientras su deuda neta ya está próxima a 30% del PIB. Si no se produce un cambio en estas tendencias, es probable que estos ratios aumenten aún más.
Los mercados coinciden en que esto es insostenible. El dólar ha caído 38% en relación al euro desde su pico de noviembre de 2000. Pero la devaluación total ha sido mucho menor. En el índice ponderado por el comercio exterior de la Reserva Federal, el dólar se depreció sólo 16% desde su pico, a principios de 2002. Esta discrepancia se debe al empeño de muchos gobiernos, principalmente en Asia, por limitar la declinación de sus monedas. Esto quedó en evidencia en el gran aumento en las reservas en divisas, que registraron un incremento de 1,39 billón entre diciembre de 2001 y setiembre del año pasado, de los cuales más de u$s 1 billón corresponde a Asia.
Como consecuencia, el ajuste fue transferido a los países con tipo de cambio flotante. Esto ha llevado a la desesperación a una serie de gobierno de la eurozona, ya que los problemas de una moneda en alza se suman a los de una demanda interna débil. Por su parte, Estados Unidos debe generar crecimiento en la demanda interna lo suficientemente rápido como para compensar el deterioro en el sector externo.
En estas circunstancias, podría no ser posible sostener una economía mundial abierta. Pero aún si esto fuera posible, es probable que el abandono del apoyo oficial al dólar en gran escala imponga una importante corrección en la economía de Estados Unidos y, en consecuencia, en la del mundo.
Hace casi 20 años, el Acuerdo del Plaza buscó manejar la declinación del dólar. Ahora, la caída del dólar necesita ser administrada una vez más. Lo que hace falta es una reducción en la demanda agregada en relación a la oferta potencial en países con déficit e incrementos compensatorios en los países con superávit. También es preciso que se comparta más el efecto de la declinación del dólar.
Si el déficit de cuenta corriente de EE.UU. puede reducirse a 3% del PIB, por ejemplo, debería ser indefinidamente sustentable. Esto también demandaría una reducción de sólo 1% de PIB agregado en el superávit externo del resto del mundo. Y una apreciación de las divisas asiáticas controladas similar al de las divisas con tipo flotante debería ser suficiente.
|