El crecimiento del Producto Interno Bruto, la inversión, las exportaciones y el consumo privado será más moderado este año. Mantener una dinámica positiva para el mediano plazo en las principales variables depende de factores externos y también de cuestiones que trascienden lo puramente económico "El objetivo en 2005 es consolidar las tendencias". Este fue el mensaje que dejó el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en el brindis de fin de año con la prensa. El crecimiento de la inversión y de las exportaciones están en la lista de prioridades para sostener un modelo basado en un tipo de cambio alto y salarios reales bajos. Pero la tarea no será nada sencilla y enfrenta riesgos que trascienden lo económico.
El año que se inicia será el tercero consecutivo en mostrar crecimiento. Pero un optimismo desmesurado es poco adecuado debido a la inestabilidad y volatilidad estructural de la economía argentina. Si bien el resultado positivo de 2005 está casi asegurado, para los años siguientes se requiere consolidar las tasas de inversión, y fortalecer la dinámica de las exportaciones y el consumo privado.
Por el lado de las inversiones, 2004 cerró con un alza cercana a 40%, un récord histórico difícil de repetir. De esta forma la inversión llegó a 20% del PIB, luego de haber descendido hasta 11% en 2002. Para 2005 el Gobierno espera que la inversión crezca 7,6%, un valor bajo en sí mismo, pero superior al 5,5% de crecimiento estimado del PIB. Del clima de confianza y de que las expectativas se mantengan favorables dependerá que fluyan capitales hacia nuevos negocios.
El éxito de consolidar la suba de inversión enfrenta varios interrogantes. En primer lugar, siempre existe la posibilidad de que el mercado internacional de capitales deje de ser favorable para los países emergentes, como lo fue en 2004. Asimismo, será clave el resultado de las elecciones legislativas y la resolución de la interna en el partido de Gobierno. Una ruptura de la alianza Kirchner-Duhalde sumaría incertidumbre y podría recortar decisiones de inversión. Los ciclos económicos argentinos tienen un alto correlato con las crisis políticas.
Pese a estas luces rojas, el esfuerzo en obras públicas por mantener la reactivación será inédito y en buena medida es la inversión pública bien direccionada la que apuntala la inversión privada.
Por el lado del comercio exterior, será necesario consolidar el alza de exportaciones, que en promedio subieron 30% desde 2001, porcentaje menor comparado a la depreciación cambiaria. La tarea requiere la definición clara del perfil productivo y mejorar las posibilidades de acceso crediticio de los productores y exportadores.
Respecto al consumo, el Gobierno enfrenta una disyuntiva. Consolidar la tendencia en alza (en torno de 10% en 2004 y 4% esperado en 2005) mediante subas a discreción de salarios, puede reavivar el fantasma de la inflación. En tanto en un panorama de alto desempleo es poco probable una suba sustancial del salario consensuado con el sector privado. Acrecentar el ingreso y el consumo requieren una mayor sintonía fina en el conjunto de la política económica vinculada al crecimiento de la productividad del trabajo.
Pocos dudan que 2005 será un buen año para la economía. Pero también muy pocos se animan a pronosticar lo mismo para 2006, dando una idea de que aún resta un trecho largo que recorrer hacia la consolidación.
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