Allí está entonces el ministro de Economía, Axel Kicillof, enhebrando barbaridad tras barbaridad. Afirmando y desdiciéndose sobre la necesidad de regular los alquileres o improvisando chistes sobre el impuesto a las Ganancias. O planteando que lo que jode a la economía es hablar del atraso del tipo de cambio. En la misma línea, el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, arriesga que levantar el cepo al dólar sería una medida liberal. Y el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, explica que si se pone fin al cepo se agotarán la reservas de inmediato.
En todo caso, lo que es perjudicial para la campaña de Scioli (hablar de economía) es beneficioso para la sociedad. Discutir sobre el dólar, la inflación, el desempleo o la pobreza deja al descubierto la gravedad de la situación y hasta podría producir el milagro de que los candidatos se animen a revelar como piensan solucionarla.

