Por Jorge Oviedo - El Gobierno, por intermedio del ministro de Economía, Axel Kicillof ; el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores, cree que la Gendarmería y sus procedimientos policiales son la mejor herramienta para que haya un solo mercado libre de cambios y normalidad en la compraventa de divisas. Es la misma Gendarmería a la que el kirchnerismo le asigna cada vez más tareas sacándola de las suyas específicas. Con objetivos muy diversos, fue enviada en 2008 a Mendoza para combatir la infernal inseguridad en la provincia y al conurbano bonaerense, con objetivos similares. Los resultados están a la vista. Cualquier extranjero podría pensar que la Argentina no tiene un problema de permeabilidad escandalosa en sus fronteras, un aumento del tráfico, producción y consumo de drogas ilegales y que, por lo tanto, hay que buscarle alguna tarea a la ya inútil fuerza de seguridad que se ocupaba de combatir esos delitos. Kicillof parece tener un problema de colores. Se le escapa el dólar blue, entonces manda inundar el microcentro porteño con hombres de verde, como se vio el viernes pasado, igual que en distintos momentos del pasado reciente. Es parte de los reflejos autoritarios de algunos en un gobierno que se dice progresista. El atraso cambiario, combinado con déficit fiscal y junto a la "tablita" tipo Martínez de Hoz que está en vigor, dicen cosas muy distintas. El Gobierno cree que para que los argentinos en particular consigan dólares en el exterior, ya sea por el cobro de exportaciones, deuda o inversiones externas, lo mejor es obligarlos bajo amenazas. Y cuando por fin se rinden, esquilmarlos con tipos de cambio extravagantes, pesificaciones forzosas e impuestos. El que exporta soja recibe el precio internacional, menos la retención, al tipo de cambio oficial, menos las comisiones bancarias. Y debe traer sí o sí el producto de su trabajo a la Argentina. Por ello, los muchos argentinos que tienen ahorros dolarizados no los invierten en el país, aunque los precios de algunos activos resulten hoy atractivos, medidos en la moneda norteamericana. La guerra del Gobierno por lograr que los argentinos "piensen en pesos" está perdida, con toda justicia. Por qué alguien va a confiar en una moneda como reserva, si ni el propio Gobierno que la emite respeta ese valor. Más de 40% de emisión en un año, mientras el ministro Kicillof dice que la inflación es de alrededor de la mitad. Los intentos pesificadores o de reactivación económica han fallado porque nadie quiere desprenderse de ahorros que no sabe cómo va a reponer, en caso de poder y querer hacerlo. El cepo cambiario es una trampa, en primer lugar para el Gobierno. Es obvio que nadie querrá entrar a un lugar del que no se puede salir, aunque crea que es muy lindo. No hace falta leer a John Maynard Keynes; con escuchar la canción Hotel California de la banda Eagles alcanza. Financistas y banqueros creen que el blanqueo de dólares mediante el uso de títulos Cedin, que ya fue una admisión del fracaso de la pesificación obligatoria del mercado inmobiliario y la construcción, nunca tuvo oportunidad de lograr todo lo que el Gobierno quiere. La primera razón es que es un blanqueo, pero que requiere que los dólares sí o sí vengan a la Argentina. Aunque es muy sencillo y barato, la demanda es mínima. El próximo presidente podría lograr el arranque de la reactivación y la recuperación del crecimiento simplemente con el aporte del ahorro de los argentinos, si logra generar la confianza necesaria. La Gendarmería desplegada en la calle Florida y varios rincones del microcentro porteño no parece el mejor método. Muchos financistas descuentan que habrá un blanqueo para poder salir del cepo. Uno parecido al que se hizo en el arranque de la convertibilidad. Pero éste debe sí o sí permitir que quien tiene dinero en el exterior no declarado, lo declare y lo deje afuera, pagando más que quien lo tenga o lo traiga a la Argentina. Dicen que los técnicos de todos los candidatos tienen proyectos en carpeta sobre este punto. Y descuentan que el año próximo se hará. Ni Carlos Menem ni Domingo Cavallo necesitaron un acuerdo con el FMI en el arranque de la convertibilidad. La caída de la inflación, la desaparición del déficit fiscal y la recuperación económica comenzaron en la primera mitad de 1991 y el primer acuerdo con el Fondo fue mucho después. Fueron dólares argentinos los que reactivaron la economía, y el Fondo se sumó más tarde a un programa que nunca le gustó. Sólo en 1995 firmó un paquete de auxilio expresamente encaminado a defender el valor del peso, en medio del tembladeral que produjo el tequilazo mexicano. Y hasta la crisis de 2001/2002 siguió defendiendo entre bambalinas la devaluación y finalmente el default, que en Washington exigía la ultraderecha reaccionaria y aquí los que hoy se siguen autodenominando progresistas.. |