LA PRESENTE TENDENCIA ALCISTA PODRÍA CAMBIARSE POR UN CRECIMIENTO SOSTENIDO Y MÁS GLOBALIZADO El foco estará en las cotizaciones del crudo y el dólar, la demanda en China, Japón y la zona euro; las medidas para frenar el alza de precios inmobiliarios y la apertura económica. Comenzamos un nuevo año inmersos en la catástrofe. Debemos acudir en ayuda de los supervivientes. Dado que, en mi opinión, sobran las palabras, me dedicaré a analizar la economía mundial en 2005.
En 2004, las economías de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) crecieron cerca de 3,6%. Parece haber sido el año en el que la economía experimentó el crecimiento global más rápido de las últimas dos décadas.
El hecho de que dicha recuperación haya llegado en un momento en el que la propia economía se vió zarandeada por el estallido de la burbuja tecnológica, los ataques terroristas, las guerras en Afganistán e Irak y los altos precios del petróleo es una prueba de su capacidad de resistencia. Particularmente alentador es el crecimiento del 9,5% del comercio mundial.
Sin duda, uno de los atractivos más importantes es la baja inflación. Los bancos centrales confían en que la subida excepcional de los precios del crudo no fomente una espiral salarios-precios.
Y ahora, ¿qué? La opinión generalizada es que en este año se producirá un crecimiento sostenido, aunque más modesto: la OCDE prevé un desarrollo entre sus países miembros del 2,9%. Estados Unidos podría alcanzar el 3,3%, Japón el 2,1% y la zona del euro llegaría hasta el 1,9%. En lo que respecta a las previsiones de la OCDE para otros países, el crecimiento de China se ralentizaría ligeramente, razón por la que no se prevé que supere el 8%; Brasil alcanzaría un 3,6% y Rusia, un 5,5%. El aspecto más interesante consiste en analizar los factores que podrían influir en los resultados. Dejando a un lado la posible vuelta de los cuatro jinetes del apocalipsis, deberemos tener en cuenta seis posibles riesgos, positivos o negativos.
Elementos de riesgo
El primero son los precios del crudo. Hay motivos para esperar posteriores subidas durante las próximas dos o tres décadas, mayores que en las dos últimas: la fuerte demanda de las economías emergentes, sobre todo por parte de China y la India, es el riesgo más importante. Todo apunta a que la economía mundial dependerá en mayor medida de la producción de los países de la OPEP, sobre todo del Golfo, debido a la limitación de recursos en otras zonas. Aún así, según la OCDE, el incremento de los precios ya fue lo bastante elevado el año pasado, razón por la que la tendencia actual debería ser a la baja.
El segundo riesgo es el dólar. Está en lo que parece ser un mercado bajista a largo plazo, si se compara su situación con la década del 70 y el período de 1985 a 1995. Mucho depende de que China y otros países que intervinieron para mantener sus divisas bajas respecto del dólar continúen haciéndolo. Para mí, no hay duda de que así será.
El tercero son las perspectivas de la demanda en Japón y, sobre todo, en la zona del euro. Si el déficit externo de EE.UU. se va a ajustar a una economía global en expansión, las otras economías boyantes deberán exportar estímulos en lugar de importarlos. La demanda nacional real se vió fortalecida en las dos áreas: según la OCDE, el año pasado Japón experimentó un crecimiento del 3,2%, mientras que la eurozona no superó el 1,7%. Lamentablemente, la demanda doméstica continúa siendo demasiado débil en Alemania: el año pasado fue un 2% más baja que en 2000. Las expectativas de la OCDE apuntan a un aumento en las inversiones.
El cuarto factor son las medidas para poner fin al boom de los precios inmobiliarios experimentado en algunos de los países más desarrollados. Los más afectados fueron España, Irlanda, Países Bajos, Reino Unido y Australia, aunque en EE.UU. también se produjo un aumento considerable. Afortunadamente, los altos precios inmobiliarios no fueron el único factor que contribuyó a sostener el gasto en vivienda. Una importante cuestión es si la estabilización de los precios del sector debilitaría el gasto.
El quinto riesgo es la sostenibilidad de la demanda china. En 2002 y 2003, el crecimiento de las importaciones chinas representó una quinta parte del crecimiento de las exportaciones en EE.UU. China fue testigo de un fuerte descenso del crecimiento de los préstamos internos. La cuestión es hasta dónde debe ralentizarse el crecimiento de las inversiones, y si el consumo privado conseguirá aprovecharse al máximo.
Ronda de Doha
El último factor a vigilar es la sostenibilidad de una economía mundial abierta. Las negociaciones de la ronda de Doha deberán concluirse cuanto antes. La comprensible preocupación en torno a las consecuencias de la descentralización de puestos de trabajo de los países más desarrollados deberá atajarse con políticas creativas, no con proteccionismo. Introducir cambios en la tendencia estadounidense a ampliar aún más el déficit por cuenta corriente contribuirá también a disminuir la presión proteccionista de la mayor economía del mundo.
¿Qué significa todo esto? La presente tendencia alcista podría perfectamente cambiarse por un crecimiento sostenido y más globalizado. Pero, de ser así, los políticos deberán mejorar la política de sus países y abogar por la cooperación mundial. En lo que respecta a esto último, en 2005 deberían aumentarse las ayudas al continente africano y permitir que China participara plenamente en las reuniones de los ministros de Economía del G–7. Es necesario que las instituciones, y en concreto el G–7, se adapten a los cambios. |