En China, el sistema de tipo de cambio es rígido con movimientos diarios marginales y controlados. No obstante, que el gobierno decida devaluar, significa que la actividad económica no responde del todo a los estímulos y que necesita un shock adicional de competitividad. Y China es uno de los motores del crecimiento mundial, el comercio significa el 50% de su PBI.
En su comunicado, el Banco Popular dijo que quiere que el yuan (la moneda china) esté "más en línea con el mercado". Pero la medida también tendrá un efecto importante en el sector exportador de China, que se había debilitado, debido a un crecimiento global también más lento. Las exportaciones de ese país vienen cayendo 8% contra 2014. Además del dato del freno en la actividad, la devaluación marginal, pero inesperada también tiene implicancias importantes para EE.UU. y otros países que mantienen fluidas relaciones comerciales con China, ya que podría colocar a las compañías en una situación de desventaja. Parece probable que Estados Unidos reactive las críticas al gigante asiático respecto de que mantiene su moneda artificialmente baja para ayudar a sus propios empresarios.
Pero hay más. La devaluación podría empujar a otros bancos centrales del mundo a debilitar sus propias monedas para generar un marco más competitivo y ayudar a sus propios exportadores. Por si fuera poco, y con la tendencia bajista que la potencial suba de la tasa de interés en Estados Unidos genera en las materias primas, la devaluación de China también podría generar aún mayor caída en los precios ya que las señales de potencial debilidad de la demanda de China. Tomando el mediano y el largo plazo, quedará por ver si esta señal no conspira contra el compromiso de Beijing para liberalizar su economía e insertar su moneda en otros mercados.

