Con el rótulo "Encuentro para el Desarrollo Argentino" en el teatro porteño Ópera de la avenida Corrientes, la vedette fueron las propuestas económicas, algunas concretas y otras más abstractas. El mandatario bonaerense se animó a hablar de inflación (prometió bajarla a un dígito, hoy con 11 puntos acumulados en el año y "sin ajuste"), atraer "al país un piso de u$s 30 mil millones" al año, construir durante su eventual gobierno un millón de viviendas (instó a los bancos privados a sumarse al Pro.Cre.Ar), devolverle el IVA a jubilados y beneficiarios de asignaciones que paguen con débito, y replicar el Fondo del Conurbano (hoy de $ 600 millones) en distintas áreas metropolitanas "para que las grandes ciudades tengan policías locales, hospitales intermedios, acceso universal al agua potable y las cloacas, urbanización social y mejor espacio público".
Recién a la mitad del discurso (la versión número 20 que redactaron sus ghostwriters) nombró a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Fue al resaltar la batalla jurídica contra los holdouts avalada por la ONU. "Hoy es un mundo libre de buitres", se jactó. "Argentina demostró que no es necesario pagarle a los fondos buitre para acceder al financiamiento internacional destinado a apuntalar la infraestructura social y productiva", sostuvo. Pero auguró que "seguiremos trabajando para pagarles al 100% de nuestros acreedores pero en condiciones justas, legales, equitativas y sustentables". El sciolismo, se sabe, tiene mejores modales que el kirchnerismo.
En el amplio apartado "continuidad", resaltó una promesa: "El tipo de cambio lo va a fijar el Banco Central. No lo vamos a dejar librado al mercado". Fue un tiro por elevación de Scioli a su archienemigo Mauricio Macri. Además, se comprometió a que que el país "no sea un paraíso especulativo sino un paraíso productivo", "ahora vamos por la soberanía energética" y, sin mencionar las retenciones ni el cómo, les dijo a los productores: "Yo les garantizo que van a tener rentabilidad". Creer o reventar. Después llegó lo habitual: dos menciones al Papa Francisco y sus "Tres T" (Tierra, Techo y Trabajo) que es la nueva tríada sciolista en reemplazo de optimismo, fe y esperanza.
Y llegó el cierre que se repite como un mantra: "Yo, vengo a proponerles (no un sueño como Néstor Kirchner) el desarrollo. Sólo les pido que me den la oportunidad". "Futuro Presidente", lo saludó el intendente matancero Fernando Espinoza a la salida. Otros se lo gritaron en el hall. Esa es la sensación naranja. "Tenemos un partido, un equipo listo, garantizamos gobernabilidad, el votante se pregunta: ¿Qué ofrecen los otros?", se emocionó un vocero. En el primer día de la campaña, a un mes del 25O, el sciolismo cree que ya ganó.

