Por Orlando J. Ferreres - Las exportaciones de bienes de la Argentina están cayendo estrepitosamente: en 2013 fueron de u$s 82 mil millones, en 2014 llegaron a u$s 72 mil millones y este año sólo sumarán u$s 62 mil millones o aún menos, una caída vertical. El tipo de cambio en términos reales es 2 % más bajo que al final de la convertibilidad, pero además hay fuertes derechos de exportación, derechos que no existían en 2001. Es cierto que los precios de las commodities son más altos que en aquella época, pero vienen bajando fuertemente y en el último año cayeron un 40 por ciento. Ante la caída de las ventas externas, para equilibrar en algo al balance comercial, el Gobierno apeló a reducir las importaciones para lo cual ha decidido estancar voluntariamente el crecimiento económico, lo que viene verificándose en el promedio de los últimos 4 años. Este estancamiento interno, al no mejorar el consumo, le permite al Gobierno lograr que las exportaciones no caigan aún mucho más tal como correspondería por el tipo de cambio atrasado. El estancamiento conlleva menores requerimientos de insumos importados, pero claro que todo esto es a costa de un mayor desempleo y de una mayor pobreza. También el estancamiento permite ahorrar energía importada y, adicionalmente, como el precio del petróleo cayó a la mitad, el monto gastado en dólares por la importación de energía es mucho menor. La caída de las ventas externas es muy vertiginosa: La situación empeoró más en 2015 pues, debido a los ajustes de la economía brasileña, el PIB de este país caerá un 3%, una variación negativa de tal tamaño que no ocurría desde hace más de 25 años. La industria manufacturera argentina está correlacionada en un 80 % con la industria brasileña por lo cual las fluctuaciones de esa economía nos afectan directamente, en este caso fuertemente hacia abajo. Hemos perdido un 68 % de competitividad con Brasil en los últimos 12 meses. En efecto, el tipo de cambio del real brasileño se ha devaluado en un 49 % más que la inflación brasileña en los últimos 12 meses, en tanto que en nuestro caso, que usamos al tipo de cambio como palanca antiinflacionaria, hemos corregido el cambio un 13 % menos que la inflación. Acumulando su devaluación real (49%) y nuestra revaluación real (13%), nos hemos encarecido en un 68 % en relación a Brasil en los últimos 12 meses, una cifra insostenible. Es necesario recordar que la actual administración del país además cobra impuestos para exportar, como cobraba España en la época de la Colonia. Lo peor es que ahora son más altos que en aquella época y en el caso de la soja llegan al 35 %. Además, los productores tienen que pagar todos los demás impuestos. Ningún país del mundo cobra impuestos de manera sistemática para exportar. Al contrario, en muchos lugares se dan subsidios con tal de que el país exporte. En los próximos meses volveremos a tener déficit del balance comercial, cosa que no ocurría desde 2001. Es un caso extraordinario que, con precios aún al doble de los de aquel año, tengamos otra vez déficit comercial, cuando la política gubernamental, tantas veces proclamada, era "tipo de cambio real alto y superávit comercial". Si bien es obvio que se abandonó esta política, las máximas autoridades nunca informaron de ese cambio a la población. Recordemos que la batería anti-exportadora del Gobierno se completa con el cepo cambiario, con los derechos de exportación de 5% a la industria, con los ROE verdes y rojos (autorizaciones para exportar para productos vegetales o carnes) y con medidas directas de los funcionarios públicos. Se estima que estas anomalías se podrán corregir cuando asuma el nuevo gobierno y se espera que adopte las medidas necesarias para llegar a una economía sana, que no registre inflación y que, de esa manera, si tenemos algún desajuste del tipo de cambio real éste sea mucho más moderado que en la actualidad. Si bien en este momento no hay muchas definiciones públicas concretas respecto de las medidas que se podrían adoptar a partir de diciembre de parte de los candidatos con mayores perspectivas de ganar las elecciones, los mercados reflejan expectativas positivas. El más claro y notorio indicador en este sentido es la reducción del "riesgo país" de 1200 puntos a 560 puntos en el último año, un dato concreto y claro acerca de cómo ven los inversores el futuro. Esperemos que no se defraude esa expectativa -que es la de todos- y que se libere al país de todas las trabas y ataduras que lo tienen maniatado y que frenan nuestro crecimiento. Esperamos también que las exportaciones puedan crecer teniendo como límite el mercado global que es de 7100 millones de pobladores. |