El euro volvió a perder terreno frente al dólar después de que el presidente del Banco Central Europeo (BCE) volviera a echar por tierra las esperanzas de una subida de tipos en la eurozona a corto plazo al asegurar que las tensiones inflacionistas han decrecido. El dólar ha sido capaz de aprovechar esta circunstancia pese a que las referencias macroeconómicas en EE UU no fueron positivas y la divisa europea ha retrocedido hasta los 1,32 dólares. Tras la reunión del consejo de Gobierno del BCE, que decidió mantener en el 2% el precio oficial del dinero en la zona euro, Trichet compareció ante los medios en la habitual rueda de prensa en la que aseguró que las tensiones inflacionistas habían ido en declive en el Viejo Continente. “Las presiones inflacionistas a corto plazo se mantienen, aunque han disminuido un tanto”, aseguró el máximo responsable del organismo emisor.
Además, Trichet también mostró sus dudas sobre la evolución de la economía europea, al asegurar que “aún contamos con señales mixtas, algunas de las cuales apuntan a un crecimiento robusto y otras, en otra dirección”.
Con estas palabras, el euro interrumpió el amago de reacción que estaba experimentando frente al dólar, ya que se difuminaban las expectativas de una posible subida de los tipos de interés a corto plazo. Con los precios controlados y próximos al objetivo del BCE parece improbable que este movimiento se vaya a producir. Además, hoy también se conocían los datos de inflación en Francia, donde la tasa interanual del IPC se situaba en el 2%, precisamente el objetivo marcado por el BCE.
Coincidiendo con la rueda de prensa de Trichet, se publicaron en EE UU los datos macroeconómicos de la jornada, que también sembraron dudas sobre la primera economía mundial. Contra pronóstico, las peticiones semanales de subsidios de desempleo experimentaron incrementos, mientras que las cifras de ventas minoristas daban una de cal y otra de arena. Los datos generales apuntaban a un crecimiento del 1,2% mientras que si se excluían las ventas de automóviles, la evolución se veía sensiblemente mermada y no alcanzaba las previsiones de los expertos.
Tras algunos momentos de duda, los inversores optaron claramente por la compra de dólares, lo que llevó al euro a retroceder hasta la cota de 1,32 dólares, que constituyó además su mínimo intradía. Cerca del cierre de la sesión en las principales plazas europeas, el euro cotizaba en el entorno de 1,3210 dólares. El yen apenas experimentó variaciones en su cotización frente al dólar y al euro.