Por Orlando J. Ferreres - Brasil devaluó su moneda en relación a la Argentina en 76 % en términos reales entre septiembre de 2014 y 2015. En un Mercado Común, como es el Mercosur, que no tiene aranceles para la mayoría de las posiciones del comercio, que un país, Brasil, devalúe su moneda en esa proporción es como que nos diga: "No me importa que se rompa el tratado de Asunción". En la Unión Europea nadie puede devaluar, ni Grecia, aunque lo necesitaría. El Mercosur ni es un Mercado Común, ni es del Sur, pues también entró Venezuela que está en el norte de Latinoamérica, ni tiene moneda única, pues Brasil no aceptó esa idea.
Ya nuestra situación económica venía mal, con precios de los servicios públicos muy por debajo del costo, con grandes subsidios para mantener "el relato". Aun cuando los impuestos aumentaron en dosis enormes, asfixiantes, el déficit fiscal de 2015 llegará al 8% del PIB si sumamos los déficits del Tesoro y del Banco Central. Además, registramos estancamiento económico, pobreza del 28,7 %, inflación del 28,5 % y una emisión monetaria que crece al 40 % anual sin prácticamente reservas reales para llegar al 10 de diciembre, sin acceso al crédito internacional, en default de la deuda pública, en desacato con el mercado financiero internacional, dibujando todas las estadísticas.
A esta evolución muy difícil se suma la nueva situación de Brasil, que la resumimos en un cuadro con las devaluaciones diferenciales en los últimos 12 meses, comparadas también con las inflaciones o aumentos de costos en los respectivos países.
Este cuadro es aterrador, pues el gobierno argentino sostiene una posición no defendible para el país, similar a la que llevó a cabo el presidenteCarlos Menemen 1999 con una evolución parecida de las variables externas y que tampoco corrigió el presidente Fernando De la Rúa al asumir el 10 de diciembre de ese año. Fue algo trágico, que terminó muy mal en muy poco tiempo.
La devaluación en términos reales de Brasil frente a la Argentina de los últimos 12 meses de 76 % es insostenible para cualquier actividad. Ya antes de esa devaluación real veníamos teniendo un fuerte déficit comercial con Brasil y podemos imaginarnos lo que será a partir de ahora.
Con este nuevo dato de Brasil, quien asuma el 10 de diciembre de 2015 la presidencia de la Argentina, no va a tener condiciones para una política gradualista, pues la situación de desvíos macroeconómicos ya no puede arreglarse con aspirinas, va a requerir una cirugía mayor.
El nuevo gobierno va a tener que hacer anuncios significativos que cambien las expectativas de los agentes económicos, anuncios que deberán ser claros y definitivos para ser creíbles. Solo así se podría lograr una reversión de las perspectivas para 2016 y años siguientes que podrían ser muy buenas si se adoptarán medidas sanas como las que se llevan adelante en todo el mundo, ya sea en Occidente o en Oriente, dentro del capitalismo o en el socialismo.
Este verano todo el turismo se volcará a Brasil, pues ahora ese país ya resulta muy barato para nosotros y también para los uruguayos y paraguayos. Estos cambios en rachas sofocantes no son propios de un mercado común. Tenemos que revisar esta idea, tenemos que organizarnos de una forma más lógica, quizá parecida a la de Chile.
Mientras tanto, nuestra industria ya se está paralizando y se verificarán suspensiones y despidos. Es fundamental saber qué medidas adoptará el nuevo gobierno el 10 de diciembre de 2015 y hacia donde podría ir la Argentina a partir de allí. La incertidumbre va a aumentar y lo único que es seguro es que este verano va a ser muy caliente.
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