En Wall Street, analistas de los principales bancos coinciden en que la próximo administración tendrá que abordar una agenda compleja, plagada de reformas, que deberá centrarse en al menos cuatro ejes: para que el país retome el camino del crecimiento, habrá que atacar el déficit fiscal, moderar el alto nivel de inflación y deshacer las restricciones externas, además de implementar ajustes en el tipo de cambio.
"En nuestra visión, la consolidación fiscal debería tener una consideración urgente ya que es el centro de los desbalances macroeconómicos", sugirió Mauro Roca, economista de Goldman Sachs. En este sentido, de acuerdo al especialista, la elevada inflación y las presiones en el tipo de cambio son los principales problemas económicos que están vinculados a la continua monetización del déficit fiscal y el deterioro del balance del Banco Central (BCRA).
"Si bien en el actual contexto no será posible pasar de un déficit fiscal de 7% del PBI, que puede alcanzar este año, a un presupuesto equilibrado. Es un camino que va a llevar mucho tiempo, pero creo que al principio se pueden dar las señales correctas y hay espacio para reducir el gasto. En este sentido, los subsidios deberían estar al tope de la agenda", dijo Roca.
Pero mientras que las distorsiones macroeconómicas continúen alimentando las expectativas de devaluación, las presiones cambiarias podrían resurgir con una fuerza renovada. Es por esto que los especialistas consultados concuerdan en que será fundamental generar un tipo de cambio competitivo, flexibilizar la restricciones externas y acceder al financiamiento internacional.
"Si el próximo gobierno devalúa un poco el tipo de cambio, en conjunto con una serie de medidas tendientes a mejorar la ecuación de ganancias de muchos sectores que lo están demandando, es una medida positiva", dijo Sebastián Vargas, analista de Barclays.
Un análisis reciente de Vargas estima una aceleración de la devaluación mensual del peso que llevará a la moneda a un valor de $11.50 para fin de año, aunque este nivel de depreciación podría estirarse hasta enero. Una devaluación de esta magnitud generaría, según cálculos del economista, u$s 10.300 millones en ganancias adicionales al BCRA, lo que representa 1.4 veces el total de las retenciones a las exportaciones estimadas para 2015.
Un tipo de cambio más débil también dará "oxígeno" a las economías regionales que fueron golpeadas por una combinación de una moneda sobrevaluada e importantes retenciones, agregó Vargas, teniendo en cuenta que en términos reales, el peso se apreció en promedio un 47% ante el dólar desde 2003 a 2010.
Para Daniel Chodos, estratega de Credit Suisse, también debería ser una prioridad normalizar las relaciones internacionales. "En este sentido el tema holdout debería ser prioridad ya que abriría el acceso al financiamiento externo, lo que ayudaría a que las otras tres cuestiones [déficit fiscal, tipo de cambio y restricciones externas] puedan resolverse con más facilidad. Lo que el país necesita es inversión y sustituir gasto público por gasto privado", dijo Chodos.
De acuerdo al especialista, el próximo gobierno podría alcanzar un acuerdo con los holdouts a mediados de 2016, a través de la emisión de bonos, lo que contribuirá a desarrollar la curva soberana.
"También esperamos que el gobierno normalice el pago de los bonos del canje sin quita, aunque la aceleración de los bonos Par permanece como un riesgo notable", advirtió un informe reciente otra analista de Credit Suisse, Casey Reckman.
Hasta alcanzar un acuerdo definitivo con los fondos, desde Wall Street descartan que el nuevo gobierno continúe apoyándose en fuentes alternativas de financiamiento, como el swap con China o los préstamos del Banco de Francia para sumar dólares a las reservas.

