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El Banco Central (BCRA) perdió este mes más
reservas que las que dilapidó a lo largo de todo 2011, cuando un proceso
dolarizador y de fuga de capitales de similar magnitud al actual derivaría
luego en la imposición del cepo cambiario, días después de las elecciones
presidenciales de entonces.
La entidad que conduce Alejandro Vanoli debió
admitir una caída de US$ 6300 millones en su tenencia contable durante octubre,
aun cuando queda una jornada hábil para concluirlo. Esa fuerte declinación
quedó simbolizada ayer en el enésimo retroceso que declaró el banco, que colocó
el nuevo total contable de reservas por debajo de los US$ 27.000 millones por
primera vez en los últimos 18 meses, tras haber cerrado septiembre en US$
33.257 millones.
Para dar con un monto inferior al actual hay que
remontarse al 3 de abril de 2014, jornada que cerró con una tenencia declarada
de US$ 26.729 millones, es decir, US$ 229 millones menos que los US$ 26.958
millones informados anoche.
Sin embargo, vale aclarar que mientras en aquella
composición la porción de reservas genuinas era superior al 60%, en la
actualidad cerca del 50% del total declarado tiene su origen en créditos de
corto plazo que la entidad obtuvo mediante acuerdos con el Banco de China (el
llamado swap) y el Banco de Francia.
La cifra de reservas netas de esos agregados
explica por sí sola la poda que el BCRA aplicó a comienzos de semana a los
cupos permitidos a las empresas para comprar dólares y aplicarlos al pago de
importaciones. Son cuotas que habían sido negociadas entre el Ministerio de
Economía y distintas cámaras y sectores productivos (automotrices,
ensambladores fueguinos, etc.) hace algunos meses y que están vinculadas con
las necesidades mínimas de insumos que las empresas del rubro tienen para
mantener su nivel de actividad sin caer en nuevas suspensiones o despidos de
personal.
Ese objetivo parece haber sido postergado por otro
mayor: evitar que la crisis de reservas obligue al Gobierno a volver a devaluar
abruptamente el peso antes del fin de su mandato, como lo hizo, acorralado por
las circunstancias que autogeneró, a fin de enero de 2014.
El "octubre negro" de las reservas ocurre
"porque el Gobierno eligió deliberadamente esconder el proceso de
deterioro que este activo estratégico tuvo a lo largo del año, al cubrir
egresos netos con ingresos tomados del swap chino aun en épocas de calma cambiaria e ingresos
de divisas comerciales mucho más fluidos, como el período que fue de abril a
comienzos de julio, cuando se da el pico estacional de las liquidaciones
sojeras. Y decidió dejarlo a la vista ahora, tal vez porque nunca imaginó que
la elección podría definirse en segunda vuelta", explica Gastón Rossi
director de la consultora LCG.
El economista cree que el evidente desmanejo que
mostró el BCRA al respecto, así como su decisión de no proponerle al mercado en
aquellos meses un canje del Boden 15 para minimizar la fuerte erosión de
reservas que generó su cancelación total, no hace más que dejar a la vista que
se trató de una estrategia diseñada "para condicionar a la administración
siguiente, aun a la que surgiera de las listas del propio FPV".
De hecho, la caída que ya padecían las reservas
netas sólo ahora se trasluce entre las contables (que son las que difunde a
diario el BCRA), porque el swap chino (por un total equivalente a US$ 11.000 millones) fue agotado
totalmente.
Pero lo que preocupa al mercado es que la entidad
ha llegado demasiado lejos en eso de "suplantar la salida de dólares con
el ingreso al balance de papelitos o la anotación delswap", apunta
el consultor Federico Muñoz. "El desmanejo se hizo evidente porque
agotaron los recursos e instrumentos disponibles. Los días que restan para la
segunda vuelta serán eternos para el BCRA, mientras que para los inversores
será un festival financiero de seguros de cambio y tasas de interés",
sostiene el economista de CeSur, Amílcar Collante, sólo porque "el nivel
de reservas ya es muy bajo para contener las presiones cambiarias del
mercado".
El pago del Boden 15 (unos US$ 5900 millones), a
principios de mes, colaboró mucho con el deterioro de las reservas, dado que el
grueso de los billetes salieron directamente al exterior y no volvieron. Y de
la porción que quedó entre inversores locales privados, menos del 10% se
mantuvo en el sistema. El resto pasó a cajas de seguridad y colchones.
Pero un papel similar jugó el saldo deficitario que
el BCRA obtiene a diario desde hace tres meses por sus intervenciones en la
plaza cambiaria, sólo para evitar que un deslizamiento mayor del tipo de cambio
oficial realimente el temor a una devaluación. "Vendió US$ 6000 millones
desde la última semana de julio", marca Martín Polo, de Analytica.
"Sólo entre dólar ahorro y dólar turismo, el
BCRA enfrenta una sangría de US$ 1200 millones al mes", recuerda Ramiro
Castiñeira, de Econométrica. Ese nivel de egresos, más allá de las mayores
restricciones aplicadas en la semana, en un contexto de ingresos cada vez más
acotados y tendiendo a nulos es lo que hace que los economistas coincidan que
el final de mandato encontrará al BCRA con menos reservas de las que tenía al
comenzar la era kirchnerista.
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