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Por Carlos Pérez - Como la historia suele repetirse, es apropiado
repasar las elecciones presidenciales desde el regreso de la democracia en 1983
y la situación económica en el momento de cada votación, para ir anticipando la
elección del próximo domingo.
Hay, lamentablemente, dos presidencias con resultados nefastos: la
hiperinflación de Alfonsín (1989) castigó al oficialismo dando lugar al
gobierno justicialista de Menem, y el colapso de la convertibilidad provocó la
salida de De la Rúa en diciembre de 2001. En 2003, la economía estaba en franca
recuperación y eso le permitió al candidato oficialista ser presidente.
La situación económica durante la presidencia de Néstor Kirchner, buena
por cierto, posibilitó la asunción de su esposa en 2007. Ella misma alcanzó su
reelección en 2011, después de dos años de crecimiento económico superior al 7%
real anual. Está claro que después de la crisis de 2001 (recesión y fuerte
desempleo), la población priorizó el impulso de la actividad económica y la
creación de puestos de trabajo.
Antes también fue relevante 1995, cuando la crisis del
"tequila" afectó al país, pero en el corto plazo, y Carlos Menem
consiguió su reelección. Acá también es fácil notar cómo después de la
hiperinflación nuestra sociedad premió la estabilidad.
Hasta ahora, la situación económica y el resultado de cada una de las
elecciones estuvieron estrechamente vinculados, aunque seguramente existieron
otras variables explicativas "no económicas" que ayudaron a quienes
ganaron en las elecciones presidenciales, como el agotamiento de la ciudadanía
por mandatos extensos de un mismo partido político.
Dejo para el final el año 1999, ya que considero que es muy útil para
vislumbrar lo que puede pasar el domingo. Entonces el oficialismo justicialista
cayó ante la oposición de la alianza del radicalismo y el Frepaso. ¿Cuál era el
estado de la economía? Había estancamiento con un muy elevado desempleo, pero
además el candidato peronista, Eduardo Duhalde, propuso salir de la
convertibilidad, cuando la población quería la continuidad que sí garantizaba
la Alianza. Ahora hay estancamiento, igual que en 1999, pero no sabemos si la
sociedad valora de manera tan negativa la actual inflación, como antes lo hizo
respecto del desempleo.No se puede soslayar la escasez de dólares que hoy
presenta el Banco Central, casi sin reservas internacionales "netas",
que provoca una transición tensa en los distintos mercados de cambios que hoy
tiene la Argentina. Lo que sí quedó evidenciado, luego de las PASO y de la
primera vuelta, es que más del 60% de la población demanda cambio, todo un
desafío para el oficialismo que, a diferencia de la oposición, tiene que evitar
"restar" algo de lo ya conseguido.ß
Como la historia suele repetirse, es apropiado repasar las elecciones
presidenciales desde el regreso de la democracia en 1983 y la situación
económica en el momento de cada votación, para ir anticipando la elección del
próximo domingo.
Hay, lamentablemente, dos presidencias con resultados nefastos: la
hiperinflación de Alfonsín (1989) castigó al oficialismo dando lugar al
gobierno justicialista de Menem, y el colapso de la convertibilidad provocó la
salida de De la Rúa en diciembre de 2001. En 2003, la economía estaba en franca
recuperación y eso le permitió al candidato oficialista ser presidente.
La situación económica durante la presidencia de Néstor Kirchner, buena
por cierto, posibilitó la asunción de su esposa en 2007. Ella misma alcanzó su
reelección en 2011, después de dos años de crecimiento económico superior al 7%
real anual. Está claro que después de la crisis de 2001 (recesión y fuerte
desempleo), la población priorizó el impulso de la actividad económica y la
creación de puestos de trabajo.
Antes también fue relevante 1995, cuando la crisis del
"tequila" afectó al país, pero en el corto plazo, y Carlos Menem
consiguió su reelección. Acá también es fácil notar cómo después de la
hiperinflación nuestra sociedad premió la estabilidad.
Hasta ahora, la situación económica y el resultado de cada una de las
elecciones estuvieron estrechamente vinculados, aunque seguramente existieron
otras variables explicativas "no económicas" que ayudaron a quienes
ganaron en las elecciones presidenciales, como el agotamiento de la ciudadanía
por mandatos extensos de un mismo partido político.
Dejo para el final el año 1999, ya que considero que es muy útil para
vislumbrar lo que puede pasar el domingo. Entonces el oficialismo justicialista
cayó ante la oposición de la alianza del radicalismo y el Frepaso. ¿Cuál era el
estado de la economía? Había estancamiento con un muy elevado desempleo, pero
además el candidato peronista, Eduardo Duhalde, propuso salir de la
convertibilidad, cuando la población quería la continuidad que sí garantizaba
la Alianza. Ahora hay estancamiento, igual que en 1999, pero no sabemos si la
sociedad valora de manera tan negativa la actual inflación, como antes lo hizo
respecto del desempleo.
No se puede soslayar la escasez de dólares que hoy presenta el Banco
Central, casi sin reservas internacionales "netas", que provoca una
transición tensa en los distintos mercados de cambios que hoy tiene la
Argentina. Lo que sí quedó evidenciado, luego de las PASO y de la primera
vuelta, es que más del 60% de la población demanda cambio, todo un desafío para
el oficialismo que, a diferencia de la oposición, tiene que evitar
"restar" algo de lo ya conseguido.
El autor es economista y ex director del BCRA
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