LA SITUACIÓN EN IRAK Y LA REFORMA DEL SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL SON SUS DOS GRANDES DESAFÍOS El presidente de Estados Unidos jurará hoy para su segundo mandato en una ceremonia que demandó u$s 40 millones en extremas medidas de seguridad El presidente estadounidense, George W. Bush, inicia hoy su segundo mandato, que estará signado por dos grandes retos: Irak en el frente externo y la reforma del sistema de Seguridad Social en la agenda interna.
Luego de asumir con una ceremonia polémica para la sociedad estadounidense por los 40 millones de dólares que se destinaron a las extremas medidas de seguridad, Bush continuará su política exterior basada en la expansión de la democracia y la lucha contra el terrorismo al tiempo que trabajará en la privatización del sistema de seguridad social.
Durante los próximos cuatro años, el presidente de Estados Unidos deberá demostrar si consigue asentar un Estado viable en Irak. Por el momento, el panorama no se presenta sencillo. A poco más de una semana para las elecciones presidenciales en ese país, una sucesión de coches bomba estallaron ayer en Bagdad, causando la muerte de al menos 28 personas, y se prevé que los ataques crecerán antes de la cita electoral del 30 de enero.
Irak, y la nueva etapa que se abre en el conflicto entre israelíes y palestinos tras la muerte de Yasser Arafat, ocuparán la agenda de relaciones entre Washington y Europa. El mes próximo, Bush tiene agendado un viaje por el Viejo Continente para sellar la reconciliación con los líderes europeos, resquebrajadas durante el primer mandato.
En el frente interno, el jefe de la Casa Blanca ha elegido como caballo de batalla un asunto muy complicado: la reforma del sistema público de pensiones.
El proyecto que postula Bush, donde los jóvenes podrían destinar parte de lo que pagan a la Seguridad Social a las llamadas cuentas individuales de jubilación en fondos de inversión, costará entre uno y dos billones de dólares en los próximos diez años.
La oposición argumenta que Bush pretende desmantelar el estado del bienestar, con graves efectos sobre las cuentas públicas. EE.UU. presenta déficit presupuestarios consecutivos récord, de más u$s 413.300 millones en 2004. Para este año se prevé un rojo fiscal de u$s 348.000 millones y el déficit no bajará de los u$s 300.000 durante los próximos 4 años. Además, el déficit de cuenta corriente supera el 5% del PIB y la deuda externa trepó hasta los u$s 7,5 billones.
Una preocupación global
Los crecientes rojos de esta economía no sólo preocupan a los estadounidenses. Luego de haber superado la peor parte de la escalada de los precios del petróleo, la economía global sigue de cerca los números de EE.UU. y sus efectos sobre el dólar, que ha perdido cerca de 25% de su valor en los últimos dos años.
Mientras exista ahorro externo disponible dispuesto a financiar el nivel de gasto estadounidense, EE.UU. puede postergar medidas conflictivas como subas importantes de la tasa de interés que desalienten el consumo, aumento de impuestos para paliar el déficit fiscal y fuertes devaluaciones que encarecen los bienes domésticos.
Pero la comunidad internacional se muestra cada vez más nerviosa en cuanto a la posibilidad de que ocurra un colapso de esta moneda a menos que Estados Unidos comience a dejar de depender del dinero externo para financiar sus fuertes déficit fiscal y comercial.
Las consecuencias de semejante evento serían múltiples: EE.UU. se enfrentaría a un corte abrupto del financiamiento externo, mientras su tasa de ahorro interno es cercana a cero; y su necesidad de disminuir el gasto, tanto público como privado, dejaría al sector externo como único medio de expansión de la demanda y el nivel de actividad. La contracción de la demanda estadounidense golpearía al resto de las economías exportadoras del mundo. |