Por Michael R. Sesit - PARÍS — Las autoridades europeas y estadounidenses, frustradas porque el declive del dólar, que ya dura tres años, no ha hecho mella en el déficit comercial sin precedentes de Estados Unidos, están presionando a los países asiáticos, sobre todo a China, para que compartan una parte mayor de la carga de corregir los enormes desequilibrios económicos globales. Sin embargo, sería mejor que tuvieran cuidado con lo que desean. Si China no acepta desvincular el yuan del dólar, o por lo menos darle un poco de espacio para moverse, sería algo que no tendría mucho impacto, dejando a EE.UU. con su enorme déficit comercial y a Europa con una moneda demasiado fuerte, industrias poco competitivas y escaso crecimiento económico, como ocurre ahora. América Latina, en todo caso, podría salir beneficiada. La apreciación del yen chino mejoraría la oportunidad de los productos de la región que compiten con los bienes chinos en mercados como EE.UU. y Europa. Un verdadero fin de los vínculos del yuan y otras monedas asiáticas con el dólar podría disparar las tasas de interés en EE.UU. y arrastrar de paso a la economía de ese país. La semana pasada, el economista jefe del Banco Central Europeo, Otmar Issing, lanzó la primera andanada occidental contra Oriente al argumentar que el alza del euro y el declive del dólar habían llegado lo suficientemente lejos y que ahora le tocaba a Asia asumir la carga. "En términos cambiarios, vemos que el ajuste ha terminado a nivel europeo y que incluso ha llegado demasiado lejos", dijo Issing en un discurso. "La clave de este problema … está en manos de Asia y sobre todo de China, pero China no está enfrentando el asunto debido a sus problemas internos". Dos días después, el secretario saliente de Comercio de EE.UU., Donald Evans, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Timothy Geithner, el presidente del BCE Jean-Claude Trichet y Paul Jenkins, vicegobernador primero del Banco de Canadá, se sumaron al coro de los que la han tomado con Asia. Trichet destacó que hay "un consenso claro de la comunidad internacional ... sobre el hecho de que es necesario que el Asia emergente avance paulatinamente por el rumbo de la apreciación gradual de sus monedas". Traducción: los países asiáticos con sus monedas vinculadas al dólar deben dejar de mantenerlas artificialmente a la baja. Desde inicios de 2002, el euro ha subido un 47% frente al dólar. Eso se compara con el avance del 29% del yen, del 27% del won sudcoreano y de entre 9,7% y 15% en las monedas de Taiwan, Singapur, Indonesia y Tailandia. Las monedas de China, Hong Kong y Malasia, vinculadas al dólar, apenas se han movido. "La frustración en los círculos políticos en Estados Unidos y Europa con las políticas cambiarias de Asia se está acumulando", advirtió Greg Jensen, investigador de Bridgewater Associates en un reciente informe a sus clientes. "Se están insinuando represalias comerciales si Asia no reacciona pronto". Agregó que una guerra comercial sería "un escenario de pesadilla". La ironía es que si China da los pasos necesarios para dejar que su moneda se aprecie frente al dólar, el alza inicial, que en opinión de muchos analistas no superará un 7,5% y que podría ser de sólo 2% a 3%, "apenas hará mella en los principales desequilibrios comerciales y sólo fomentará la especulación y la presión política para una apreciación mayor", afirma Alan Ruskin, director de estudios para la consultora neoyorquina 4Cast. La caída de la divisa china también sería una buena noticia para las industrias locales latinoamericanas puesto que, ante el alza de sus costos, los exportadores chinos tendrían que optar entre sacrificar márgenes o salirse de ciertos mercados. Por otra parte, una apreciación del 7,5% no sería lo suficientemente grande para descarrilar el crecimiento de un país que sigue mostrando un gran apetito por los bienes básicos de la región. Entonces, el dilema para las autoridades de Europa y EE.UU. es que si Asia deja que sus monedas se aprecien mucho frente al dólar, sus inversionistas tendrían menos incentivos para comprar activos en dólares. Eso, a su vez, podría impulsar las tasas de interés de EE.UU. y desacelerar su crecimiento. |