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Por Jorge Oviedo - En la década del 30, en la espantosa depresión
económica y social que desató la crisis bursátil en los Estados Unidos en 1929,
el tango reflejó como nadie los efectos locales del derrumbe en piezas como
"¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?", con letra de Ivo Pelay y música
de Francisco Canaro.
Hoy el problema no es la falta de moneda local, que sobra, sino de
dólares. La letra se adapta fácilmente a la situación actual cambiando el
nombre del "viejo Gómez" por el del presidente del desfondado Banco
Central (BCRA), Alejandro Vanoli, y el signo monetario.
"Vos que estás/ de manguero doctorao/ y que un dólar descubrís/
aunque lo hayan enterrao", arranca el verso. Y sigue: "¿Dónde hay un
dólar que yo lo he buscado con lupa y linterna y estoy afiebrado? ¿Dónde hay un
dólar pa' darle la cana si es que se la deja dar?/ ¿Dónde hay un dólar/ que si
no se entrega/ lo podamos allanar?".
El saliente ministro de Economía, Axel Kicillof, alguna vez casi remedó
a Juan Domingo Perón al preguntarles a sus vecinos por qué se interesaban por
la moneda norteamericana. Se lo podría haber preguntado al canciller Héctor
Timerman. Una operación de venta de una petroquímica de la familia política del
canciller a la reestatizada YPF acaba da fallar por falta de billetes verdes.¿Por
qué pensará en dólares la familia política del canciller, si según Kicillof
debería pensar en pesos?
La montaña de pesos que circula y que cada vez compra menos cosas causa
innumerables problemas. Los banqueros no se cansan de decir que los cajeros
automáticos están al borde del colapso. Trabajan muy por encima de sus
capacidades, entregando cantidades insólitas de billetes.
Las máquinas son importadas y cada vez se averían más seguido y cuesta
conseguir los dólares para los repuestos que se necesitan para repararlas.
Cristina Kirchner no sólo deja como herencia la crisis energética y sus
apagones; también el riesgo de un "apagón de cajeros", advierten en
el sistema financiero.
El gobierno de Mauricio Macri piensa lanzar en enero un nuevo billete de
500 pesos, que creen será parte de la solución del problema. Especialistas del
sector dicen que es imposible hacer todos los trabajos técnicos necesarios en
tan breve lapso: diseñar el billete y calibrar los cajeros. Que habrá que
esperar un poco más.
Federico Sturzenegger, designado presidente del Banco Central para
cuando se vaya Vanoli, no veía hace unos meses con buenos ojos esta medida. Y
señalaba, con razón, que a billetes más grandes más fácil mover dinero negro.
Es cierto, también, que es mejor promover el uso de medios electrónicos. No se
entiende por qué entonces, por ejemplo, los estacionamientos de la ciudad no
admiten más forma de pago que el efectivo. Una reforma interesante que queda
para el sucesor de Macri en la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta.
Mientras tanto, según confirmó ayer Federico Pinedo al programa radialDiario
del futuro, hubo varias gestiones del designado ministro Alfonso Prat-Gay
para conseguir ayudas financieras de los Estados Unidos y otros países para
paliar la situación calamitosa en la que el kirchnerismo deja el Banco Central.
El sindicalista Luis Barrionuevo ha llegado a decir que teme que el escenario
sea igual o peor que la ausencia casi total de reservas que recibió Carlos
Menem en 1989.
El clima y el calendario han ayudado a Cristina Kirchner a escapar de un
estallido de las consecuencias de su irresponsable política. Las inusuales
bajas temperaturas y las lluvias en el área metropolitana han alejado por unos
días el riesgo de un apagón brutal, como los ocurridos en diciembre de 2013,
mientras el entonces secretario de Energía prefería jugar al golf.
El feriado larguísimo de este fin de semana generó prácticamente un
feriado bancario y cambiario de hecho. Las únicas molestias fueron las caídas
del sitio de Internet de la AFIP, incluso para quienes querían hacer trámites
ordinarios, como emitir comprobantes, a las apuradas, antes de que comenzara el
receso.
Todo queda para el sucesor. Conseguir los dólares y restablecer el
funcionamiento normal de las instituciones. Normalizar las relaciones con los
principales socios comerciales y hacer, increíblemente, que vuelva a ser
negocio producir trigo en la Argentina para que, en diciembre, por ejemplo, no
escaseen los dólares. Y que no se retaceen los dólares para producir y
exportar, mientras se subsidian los destinados a viajar y a consumir en el
extranjero, y encima en cuotas.
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