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Por Pablo Fernández Blanco - La contabilidad creativa y la subestimación
de las principales variables de la economía, dos de las principales banderas
que agitó el kirchnerismo mientras estuvo a cargo del Estado, le dieron a
Néstor Kirchner, y más aun a su esposa, Cristina Kirchner, una enorme
discrecionalidad en el manejo del presupuesto nacional. Un puñado de cifras
alcanza de muestra: desde 2004, primer año de gestión íntegra del hasta hoy
oficialismo, hasta el año pasado, el Gobierno usó más de $ 830.000 millones por
fuera de lo autorizado por el Congreso. Las cifras surgen de números oficiales
y de ASAP, que fueron analizados por LA NACION Data.
Los fondos ajenos al tratamiento legislativo son millonarios para una
economía como la argentina. Equivalen, por caso, a lo que se necesita para
financiar la construcción de 340 satélites similares al Arsat-1, quizás el hito
tecnológico más mentado del kirchnerismo; reparar 336 veces el Palacio de
Correos para convertirlo en el Centro Cultural Néstor Kirchner, o pagarle 17
veces a Repsol por la estatización del 51% de sus acciones en YPF.
Si se lo mide en términos de obra pública, por ejemplo, multiplica por
13 los fondos que recibió entre 2003 y 2013 la Dirección Nacional de Vialidad
(DNV), uno de los organismos más beneficiados en esos años.
Las cifras del gasto surgen de comparar los fondos previstos en la ley
de Presupuesto de cada año (en 2011 el Congreso se reveló y no la aprobó) y los
créditos vigentes al final de cada período, que se acercan con precisión al
gasto total de cada año. "Es la famosa cuestión de los superpoderes, que
le dio al Gobierno mucha libertad para manejar los recursos. En la lógica del
kirchnerismo cierra perfecto. Este ardid le sirvió para disciplinar con el
manejo de los fondos, por ejemplo, a las provincias -explicó el economista
Camilo Tiscornia, socio de C&T Asesores Económicos-. Lo más triste es la
debilidad institucional de la Argentina, porque nadie lo pudo impedir. Con esto
se desvirtuó por completo la noción de presupuesto".
La ley de presupuesto de este año, por caso, explica que el jefe de
Gabinete puede disponer de "ampliaciones en los créditos", es decir,
del gasto, financiado con incremento de los recursos con afectación específica,
recursos propios, transferencias de entes del sector público, donaciones y los
remanentes de ejercicios anteriores que por ley tengan destino específico.
Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres & Asociados, sugirió
otras comparaciones. Los fondos que el kirchnerismo usó de manera discrecional
hubiesen alcanzado para solucionar el déficit habitacional del país, e incluso
podría haber sobrado plata. "Por la subestimación de ingresos, el exceso
de recaudación fue a una cuenta de ahorro. Y la capacidad para mover partidas
permitía dirigir esos fondos a un ministerio, por ejemplo. Los DNU, además,
permitieron en todos estos años ampliar el gasto".
El kirchnerismo convirtió en costumbre subestimar las variables más
importantes de la economía en el envío de los proyectos de ley al Congreso.
Así, pronosticaba que la inflación, la recaudación y el gasto serían menores a
los que efectivamente iban a ocurrir, algo que le dejaba una enorme masa de
fondos disponibles para usar de manera discrecional. Sólo en 2014, Cristina
Kirchner dispuso de $ 305.178 millones por encima de lo previsto. Esa cifra
supera en un 35% a los fondos originalmente aprobados por el Congreso.
Los beneficiados
Por su parte Walter Agosto, del Cippec, apuntó que "el 90% de las
modificaciones se hacen a través de decretos de necesidad y urgencia [DNU] y
sólo 10% mediante la Jefatura de Gabinete". Y agregó: "Los mayores
recursos se utilizan por fuera del Presupuesto, en el marco de superpoderes
presupuestarios y decretos presidenciales".
Junto con la ampliación del gasto, el jefe de Gabinete tuvo la
posibilidad de reasignar partidas. La suma de ambas facultades arroja datos
interesantes si se miran los últimos 10 años. La partida más beneficiada fue
Obligaciones a cargo del Tesoro, con un exceso respecto de lo presupuestado en
10 años de $ 198.956 millones; en segundo lugar, el Ministerio de Planificación
sumó $ 177.610 millones. Esa cartera fue la gran catalizadora de los subsidios
a la energía, y mostró un uso voraz de sus recursos para pagar, entre otras
cosas, las importaciones de gas y combustibles líquidos. Por su parte, el
Ministerio de Trabajo, de donde salen los fondos para pagar una parte suculenta
de las remuneraciones a empleados públicos y jubilaciones, sumó $ 173.222
millones y quedó en el tercer puesto en la lista de las áreas más favorecidas.
En la vereda de los menos favorecidos con los incrementos
presupuestarios estuvieron las carteras de Defensa, de Desarrollo Social y de
Agricultura, Ganadería y Pesca, que recibieron entre 1000 y 3000 millones de
pesos adicionales en la última década.
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