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Por José Luis Brea - Ni bien acomode los portarretratos familiares sobre
su escritorio, el nuevo secretario de Comercio, Miguel Braun, se encontrará con
buenas y malas noticias. Las primeras, que bastará con unos pocos gestos para
recomponer la relación y el diálogo fluido con empresas que vienen de años de
destrato por parte de Guillermo Moreno y de la desconfianza de su sucesor, Augusto
Costa. Las malas: la bienvenida al funcionario entrante llegará junto a una
batería de reclamos que la administración kirchnerista atendía con cuentagotas
y que dejó congelados tras la primera vuelta de las elecciones. Empresas de
consumo masivo, laboratorios, prepagas e importadores son sólo algunos de los
que están ansiosos por transmitir sus necesidades a Braun, un economista que se
desempeñaba en la Fundación Pensar, el think tank del macrismo.
Una de las primeras cuestiones que deberá atender el nuevo secretario es
la desilusión que causó en muchas empresas de consumo masivo la continuidad del
programa Precios Cuidados. "Estamos diciendo 'no' a la extensión de
Precios Cuidados. El plan fue nefasto porque desfocalizó a las empresas,
desnaturalizó el mercado y quebró la relación entre las marcas, pero no sirvió
para bajar la inflación", dijo un alto ejecutivo de una compañía líder.
"Si Precios Cuidados sobrevivió sin que todo explotara es porque el valor
de las commodities bajó mucho", agregó.
Copal, que reúne a los principales productores del país, ya ha venido
planteando el tema en encuentros con figuras del macrismo. "El mercado
regula solo, el que tiene la última palabra es el consumidor, y si los precios
suben mucho los productos no se venden. Por eso los controles de precios nunca
en la historia sirvieron", señaló el ejecutivo. "Si dejan Precios
Cuidados otros seis meses no lo van a poder sacar más; el nuevo gobierno lo
sabe, pero es una cuestión política: no quiere hacer algo que pueda ser
criticado", agregó.
Consultado acerca de si la eliminación del programa no empeoraría aun
más la situación luego de los fuertes aumentos de precios de las últimas dos
semanas, el ejecutivo dijo que eso será administrado por el acuerdo de precios
y salarios que buscará el gobierno de Macri.
También la industria farmaceútica espera a Braun con reclamos.
"Estuvimos muy apretados, los costos nos empezaron a comer rentabilidad.
Llegamos con el agua al cuello. Algunos ajustamos 10%, otros 15, y otros se
pueden haber zarpado, pero aún tenemos un desfasaje mínimo del 40% en los
precios de los medicamentos respecto de los costos", dijo a LA NACION el
presidente de un laboratorio nacional. Y agregó: "Lo que le plantearemos
al nuevo gobierno es: dejen que los precios sean libres, que haya una
autorregulación en la que al principio todos nos hagamos responsables. Somos
partidarios de la libre competencia, pero no tonta".
Consultado sobre si con este esquema no podrían dispararse los precios
de los remedios, el directivo estimó que éstos "se irán ajustando de a
poquito. Se van a ir equilibrando poco a poco con las expectativas. Todo
dependerá de si entra dinero en forma rápida para que el dólar no se
dispare". Sobre el anuncio del designado ministro de Hacienda, Alfonso
Prat-Gay, de que buscará negociar un pacto de precios y salarios, dijo que
"le sonó extraño" retrotraer los precios al 30 de noviembre.
"Como todo control, al final para mí no va a salir adelante", consideró.
Otro sector vigilado, el de las empresas de medicina prepaga, también se
quiere poner al día con las exigencias que el kirchnerismo postergó durante los
últimos años. La expectativa es reunirse con el ministro de Producción,
Francisco Cabrera, de quien depende la Secretaría de Comercio, en los próximos
días. "La mayoría está pidiendo entre 7 y 15% de aumento en las cuotas,
teniendo en cuenta que ése fue el atraso promedio en los dos últimos años,
aproximadamente, aunque algunas prestadoras están pidiendo más", dijo a LA
NACION un directivo de una de las prepagas más grandes del mercado. "A
nosotros, de 2013 y 2014 nos quedaron ajustes pendientes del 7% cada año",
señaló.
Los importadores también esperan sentarse con las nuevas autoridades.
Las declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI) se han ido
acumulando, la deuda de los importadores con el exterior fue creciendo (unos
US$ 8100 millones al 30 de junio) y una de las primera demandas será, según el
secretario de la Cámara de Importadores de la Argentina (CIRA), Rubén García,
ver cómo se hacen de los dólares para cancelar esas deudas. "La situación
real a la fecha no la conoce el gobierno entrante y lo más probable es que
tampoco la conozca el saliente. Resta saber, además, cuál es el stock de DJAI
observadas", afirmó García. Todo en un contexto de incertidumbre acerca de
si el sistema caducará, tal como está previsto, a fines de este mes. "A
esto hay que sumar la deuda de las filiales de las multinacionales con sus
casas matrices, que son otros 4000 millones dólares. Y hay muy poco margen para
ajustar, para escapar del problema: el 83% de lo que se importa va a la
producción y a la industria. Entre Tierra del Fuego, la industria automotriz y
la energía se va el 35% de las importaciones". LA NACION intentó consultar
a Braun pero no obtuvo respuesta.
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