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Por Carlos Balter - Hay que preguntarse sobre las razones teóricas por
las que se eligen directores del Banco Central (BCRA) por un cierto período de
tiempo y que sean inamovibles mientras su actuación resulte idónea y honesta.
El motivo principal que justifica esta estabilidad es transmitir a los
operadores económicos el mensaje de que la política monetaria y cambiaria
tendrá un alto grado de estabilidad. Minimizar oscilaciones en la oferta
monetaria y en el modo de intervenir afectando el valor del tipo de cambio es
básico en cualquier diseño de política macroeconómica para el crecimiento. Y
así lo establece la carta orgánica del BCRA.
Pero ocurre que las hasta ahora autoridades del BCRA no creían en estos
objetivos, sino que su actuación última se limitó a implementar una política
monetaria definida por la necesidad de financiar el déficit público,
complementada con un control de cambios que regula la demanda de dólares
necesaria para impedir que la divisa suba y así aplacar los incrementos de
precios causados justamente por esta emisión monetaria. Emitir y luego usar el
tipo de cambio para reprimir sus efectos inflacionarios. Impuesto inflacionario
y luego cepo: exactamente lo opuesto a una política monetaria y cambiaria que
priorice la estabilidad de precios y la del tipo de cambio real.
Tenemos que entender la diferencia entre tipo de cambio nominal y real.
El real es el que resulta de tener en cuenta la inflación de costos local y la
inflación en los países a los que se exporta. Lo relevante es el tipo de cambio
real, que determina cuánto se podrá exportar e importar en bienes y servicios.
Con una inflación local de cerca del 30% anual, pensar que se puede mantener un
dólar nominal fijo es realmente un absurdo. Se dejaría de vender al mundo, se
frenarían importaciones de insumos críticos y tarde o temprano se agotarían las
reservas, aunque transitoriamente alguien preste algunos dólares.
Los peyorativamente denominados "miembros del club de los
devaluadores" son simplemente lógicos en un razonamiento económico
elemental, mientras que los que insultan y pregonan un mundo sin devaluación
con inflación, o son ignorantes o son exageradamente inescrupulosos en sus
mentiras con fines de propaganda política.
Por ello, no pueden permanecer dirigiendo el BCRA quienes no creen en
los objetivos de estabilidad monetaria y cambiaria. Deben ser removidos con la
mayor celeridad del procedimiento previsto en la ley, para lo que el presidente
provisional del Senado debe convocar a la comisión permanente del artículo 9°
(de la cual es su presidente natural) en forma inmediata, pues no es necesaria
la convocatoria a sesiones extraordinarias.
La recomendación de tener una banca central independiente tiene como
única justificación maximizar la estabilidad presente, generando
simultáneamente expectativas de estabilidad futura. Se trata de, esencialmente,
un objetivo de estabilidad en la política monetaria y cambiaria. Si los
directores no creen en estos objetivos, sino que simplemente obedecen
rigurosamente a una necesidad de la política fiscal deficitaria de la
administración central, no pueden gozar de inamovilidad en sus cargos. Sería
obviamente un contrasentido.
La nueva conducción política anunció sus intenciones de una política de
crecimiento de la economía nacional en su conjunto, pero especialmente del salario
real, y pobreza cero. Para lo cual una política monetaria antiinflacionaria y
una política cambiaria pro exportación son requisitos básicos.
El tema fue suficientemente estudiado en teoría económica. Ningún otro
impuesto es tan regresivo como el impuesto inflacionario, y no hay
discrepancias teóricas sobre la gran oportunidad de un crecimiento económico
apoyado en la exportación industrial. Una banca central independiente es muy
recomendable, pero entiéndase bien: no para servir obsecuentemente a los
generadores de déficit fiscal.
El autor es ex vicepresidente de la Cámara de Diputados
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