| | Madrid, 23 ene (EFE).- El imparable avance de la economía china ha hecho saltar la alarma de algunos sectores económicos españoles, como el textil, que ven como sus productos no pueden competir con los del gigante asiático, mucho más baratos debido a que sus fabricantes trabajan más horas, más días y por menos dinero. | Tras la liberalización total del comercio textil, el pasado 1 de enero, está previsto que las exportaciones chinas alcancen un tercio del total mundial, aunque, según el Ministerio de Comercio chino, "las medidas proteccionistas" podrían frenar este crecimiento. Con sus más de 1.300 millones de habitantes, China es el país más poblado del mundo y, pese al intenso dinamismo económico de los últimos años, con tasas de crecimiento cercanas al diez por ciento, su renta per cápita no supera todavía los 1.000 dólares anuales (la española ronda los 14.500). "China es como un terremoto para el comercio internacional", en opinión del secretario general del Consejo Intertextil Español (CIE), Salvador Maluquer, gracias a una producción cada vez mejor acabada y a la fuerte inversión en equipo, y no tanto a los bajos salarios. Maluquer añade que este país "ha roto el mercado" con precios tan bajos que nadie puede explicar y que no se justifican en la mano de obra, ya que Bangladesh, por ejemplo, tiene igual de barata, y no le permite bajar tanto el precio final. No obstante, desde la Administración española se incide en que China no supone sólo una amenaza, sino también una importante oportunidad de negocio para las empresas españolas. China fue admitida en la Organización Mundial de Comercio (OMC) en diciembre del 2001, tras acometer importantes reformas para adaptar su modelo económico a las exigencias de la Organización, rebajar los aranceles, modernizar o cerrar industrias obsoletas y privatizar parcialmente empresas estatales. Al incorporarse a la OMC, el Gobierno chino se comprometió a levantar los obstáculos a la inversión exterior en sectores claves y, ya en el 2002, se convirtió en el primer receptor mundial de inversión extranjera directa y, en el 2004, consiguió una cuota del doce por ciento del comercio mundial. En el caso de España, las relaciones comerciales favorecen tradicionalmente a China. Así, según los últimos datos disponibles, entre enero y octubre del 2004, España compró a China productos por valor de 6.935,1 millones de euros (el 4,1 por ciento del total de importaciones), frente a unas ventas de 970,8 millones (el 0,8 por ciento), lo que arrojó un déficit para España de 5.964 millones de euros. Mientras las importaciones crecieron el 24,6 por ciento en el citado periodo, las exportaciones solo aumentaron el cinco por ciento. Los productos que más compra España a China son, por este orden, máquinas, aparatos y material eléctrico y aparatos de imagen y sonido; reactores nucleares, calderas, máquinas, aparatos y artefactos mecánicos; juguetes, y prendas y complementos de vestir. En textil y juguetería, China es el primer proveedor extranjero de España, mientras que en maquinaría, solo es superada por los tradicionales socios comerciales de la UE. TEXTIL Desde la patronal textil, Maluquer afirma que los países productores de textiles "infravaloraron" el potencial exportador chino, cuyos efectos comienzan a ser evidentes ahora, tras culminar la liberalización del sector. Subraya que China ya es el primer proveedor textil de la UE, no sólo por sus méritos, sino también por la colaboración de los grandes distribuidores, que han apostado por comprar, e incluso producir en China, en detrimento de países del sur del Mediterráneo, asiáticos y centroamericanos. Según datos de CIE, el sector textil emplea en España a 235.000 trabajadores, pero pronostica una caída dramática a lo largo de los próximos cinco años. Ya en el 2004 la industria textil española redujo su producción el 2,7 por ciento, cerró cuatrocientas empresas y perdió 14.500 empleos. La patronal confía en que el Gobierno apoye al sector en el proceso de reorientación hacia productos de mayor valor añadido, dado el alto coste social que tendrá por el ajuste de empleo que requerirá. JUGUETES Desde la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), su director general adjunto, José Antonio Pastor, asegura que el avance de la economía china "no es un situación nueva" para ellos "porque hace ya muchos años que el arancel es libre". Recordó que China lidera las importaciones internacionales de juguetes y, a pesar de que es el primer proveedor extranjero de estos productos en España, su impacto sobre la industria nacional es reducido, debido a que la liberalización de este mercado tuvo lugar hace dos décadas, cuando sí tuvo lugar a una reestructuración, con el cierre de numerosas fábricas y gran destrucción de empleo. El juguete español se basa en la calidad, aseveró Pastor, y "no es la tónica del sector entrar en el 'todo a cien'. Competimos por otra línea". El secretario general de Comercio Exterior, Alfredo Bonet, incide en que la llegada de productos chinos implica riesgos casi exclusivamente para el sector textil. RETOS Y OPORTUNIDADES Explica que, para reducirlos al máximo, los grandes importadores de textiles lograron el compromiso de que China aumentase sus ventas de manera lenta y progresiva mientras que la UE estableció su propio sistema de vigilancia. Este sistema obliga a los exportadores chinos a solicitar un certificado, que se concede de manera automática, donde detallan las cantidades que prevén introducir en la UE, partidas que posteriormente son supervisadas en las aduanas, con especial atención a los productos considerados "sensibles". En el caso de que los países receptores demuestren que su mercado interior está en peligro por el aumento excesivo de la importación china, pueden recurrir a las cláusulas de salvaguardia establecidas por la OMC y aplicar restricciones temporales, explica Bonet. Además, España está apostando por la acumulación de orígenes en la producción textil, en colaboración con los países del sur del Mediterráno, de modo que productos fabricados, por ejemplo, en España, Marruecos y Túnez consten como producidos dentro de la UE. Esas serían las medidas de tipo comercial, dice Bonet, pero existen otras, como el impulso a la innovación y la búsqueda de nuevos mercados con otro nivel de precios, dejando la producción de menor valor añadido a países como China. La analista del Servicio de Estudios de las Cámaras de Comercio, María del Valle, reconoce que para los productores españoles de calzado, juguetes y textil, donde el principal factor de producción es la mano de obra, resulta muy difícil competir con China, dada la estructura productiva de nuestro país, la diferente cualificación de los trabajadores y sus distintas demandas sociales. Ante la evidencia de que no es posible competir con productos más baratos, concluye, la solución es buscar nuevos mercados para los productos españoles, apostando por la calidad y el diseño y no por los precios bajos. "China es una amenaza", pero también debe ser un aliciente, subraya la analista y recuerda que el país tiene una población de 1.300 millones de habitantes, escasamente desarrollada, con muchas necesidades sin cubrir. Así, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo español, China ofrece importantes oportunidades a las empresas españolas en los sectores de infraestructuras, construcción, automóvil, medio ambiente y banca, entre otros. En concreto, en el sector del automóvil, en los dos últimos años China ha registrado crecimientos cercanos al treinta por ciento en las ventas de turismos. Por su parte, las infraestructuras y la construcción están en pleno apogeo, debido sobre todo a la celebración de los Juegos Olímpicos del 2008 y la Exposición Universal del 2010. En lo que respecta al medio ambiente, existen numerosos proyectos de agua potable, tratamiento de residuos o energías alternativas, que podrían dar lugar a concesiones. Hasta el momento, unas doscientas empresas españolas han apostado por el país asiático, donde las inversiones extranjeras se benefician de un favorable tratamiento fiscal, que se une a la creciente capacidad de consumo de la población, con un porcentaje de lo que se conoce como "clase media" cercano ya al veinte por ciento. |
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