Por: Javier Gerardo Milei - Luego de cuatro años de cepo cambiario, Mauricio Macri no sólo lo ha eliminado, sino que además el tipo de cambio ha caído. Este resultado positivo se debe a que la estrategia desarrollada ha sido correcta.
Concretamente, el riesgo más importante estaba vinculado a un sobrante monetario de $ 200.000 millones, que al llevar el precio del dólar a $ 14, redujo la demanda potencial de dólares a u$s 15.000 millones. A su vez, dicha demanda se redujo a u$s 10.000 millones por medio del arreglo con los importadores por u$s 5.000 millones.
Por otra parte, por el lado de la oferta que permita hacer frente a esta demanda potencial se han conseguido u$s 22.000 millones, los cuales se explican por: (i) u$s 9.000 millones fruto de canjear las letras intransferibles que vencían en enero 2016 por bonos líquidos, (ii) un préstamo con entidades financieras por u$s 10.000 millones y (iii) se ha transformado parte del swap con China a dólares por u$s 3.000 millones. Por lo tanto, frente a un escenario de corrida cambiaria, a $ 14, hay 2,2 dólares de oferta por cada uno de demanda. Sin embargo, si bien todo esto permitió ganar el primer round de una pelea de 15 asaltos, ahora la contienda se mueve al plano de la inflación, el nivel de actividad y empleo.
En el plano inflacionario, la evidencia empírica internacional muestra que aquellos países donde sus bancos centrales llevan una política monetaria prudente, el pase a precios de la devaluación es despreciable. Esto es, si sube el precio de los transables por devaluación y la demanda no cae, este mayor gasto haría que se gaste menos en el resto de la economía, y con ello los restantes precios caerían hasta dejar neutro el nivel de precios. Así, cuando en el medio del proceso, el Banco Central emite, ello permite gastar más en un bien sin gastar menos en los otros y así convalida la suba de precios.
Sin embargo, la cuestión no se reduce a si el Banco Central ha dejado de emitir hoy, ya que la expansión monetaria tarda en convertirse en inflación cerca de 15 meses. En este sentido, la política llevada a cabo por Alejandro Vanoli ubicando el crecimiento de la cantidad de dinero en 40%, implica una convalidación monetaria que hará muy difícil para 2016 perforar un piso inflacionario del 35%.
Por el lado del nivel de actividad, la cuestión es mucho más compleja. Por el lado positivo, haber levantado el cepo implica que la economía deje de tranzar a precios falsos, lo que sumado a más exportaciones y menos importaciones permitirá aportar un mayor nivel de producción. Por el lado negativo, el sinceramiento de la tasa de interés hace que el "boom" artificial se convierta en "bust", que junto al consumo de capital de los últimos 12 años llevará a una contracción del nivel de actividad tanto por lo cíclico como por lo estructural, lo que luego conduce a un menor salario real y/o mayor desempleo. A todo esto, se le suma una complejidad adicional: el desequilibrio fiscal requiere de un ajuste que implica un mayor nivel de ahorro y una tasa de interés real más bajas, mientras que el desequilibrio en el plano monetario requiere de mayores tasa de interés que reducen la inversión, lo cual implica un exceso de oferta en el mercado de bienes que penaliza el producto y el empleo, motivo por el cual habría que ser extremadamente cauto con las recomendaciones de ajuste.
Finalmente, luego de la oleada monetaria de diciembre y enero donde la demanda de dinero es alta, cuando pase el verano y la demanda de dinero caiga, el desequilibrio monetario deberá ser cerrado por: (i) tipo de cambio, (ii) reservas, (iii) tasa de interés y/o (iv) precios. En este sentido, si las expectativas de inflación son consistentes con el programa fiscal-monetario, mayor sea la confianza y menor la presión sobre la tasa de interés, más rápido la economía podrá retomar la senda del crecimiento. Por otra parte, si los grandes actores políticos en lugar de ser parte de la solución se convierten en parte del problema, el resultado más probable será una nueva crisis económica y social. |