Por Pablo Wende - El derrumbe con el que iniciaron el año los mercados financieros encendió una luz de alarma también en la Argentina. Si bien el país vive su propia dinámica a partir del nuevo Gobierno y del entusiasmo de los inversores, ahora que ya no hay más cepo cambiario está más proclive a recibir los embates que llegan del mundo. La suba del dólar oficial que se produjo ayer hasta $ 13,50 está en línea, finalmente, con lo que sucedió en Brasil, donde el tipo de cambio subió un 2,5% y llevó al real hasta los 4,05 por dólar, el mayor nivel de los últimos tres meses.
El impacto no fue dramático en absoluto y tampoco hay que sacar conclusiones apresuradas por lo sucedido en la primera rueda de 2016. Pero la fuerte caída de las Bolsas en China y el fuerte cimbronazo que se sintió en el resto del mundo trae el recuerdo de lo sucedido en agosto y las subsiguientes caídas de las Bolsas en todo el planeta, especialmente entre los emergentes. Recién en el cuarto trimestre llegó el alivio, aunque los valores nunca volvieron a sus máximos.
Los principales índices que siguen la evolución de las Bolsas de mercados emergentes mostraron ayer caídas de entre un 3,5% y el 4%, una mezcla de lo sucedido con las principales acciones, pero también con la depreciación del tipo de cambio. La pregunta relevante a formularse al menos desde la visión argentina es: ¿la ronda de devaluaciones de las monedas contra el dólar terminó o puede haber una segunda vuelta?
Justamente las caídas del tipo de cambio a nivel global (no se salvó ni el euro, ni el yen y mucho menos monedas como el rand sudafricano o el real brasileño) amortiguaron el efecto de la caída en el precio de las materias primas. Muchos países pudieron sostener su competitividad a partir de un tipo de cambio debilitado, sin que esto impacte notoriamente en los índices de inflación.
Daría la impresión de que el margen adicional para que esta ronda de devaluaciones continúe es bastante más acotado. Casi todo el planeta se abarató en término de dólares, volviendo a las economías un poco más competitivas para colocar sus productos como también para recibir turismo.
La Argentina venía demorando ese proceso, hasta que el nuevo equipo económico decidió salir del cepo y liberar el tipo de cambio, lo que provocó un salto (o "sinceramiento" en realidad) del dólar oficial desde $ 9,70 hasta los actuales niveles de $ 13,50. Así, el país recuperó competitividad a costas de un salto cambiario que resultó menor al que hace apenas un mes o dos aguardaban los inversores.
El titular del BCRA, Federico Sturzenegger, ya aclaró que su preocupación estará puesta en combatir la inflación mucho más que en determinar el tipo de cambio. En otras palabras, si el Gobierno es exitoso en aquietar los precios, entonces el valor del dólar pasará a un segundo plano.
El peligro es que en caso de agravarse la crisis financiera y su impacto en las materias primas, hasta qué punto el Central podrá llevar adelante la política diseñada porel nuevo directorio. La suba del dólar oficial no resulta inesperada, pero es un cambio de tendencia respecto a lo sucedido en las últimas dos semanas de 2015. Hoy se asistirá a una prueba interesante en la licitación de Lebac y Nobac: la intención del Central es seguir absorbiendo gran cantidad de pesos y al mismo tiempo bajar otro escalón las tasas de interés para acercarlas al 30%, es decir, el nivel que había cuando Alejandro Vanoli abandonó la institución. Todo indica que sería posible lograrlo, pero será interesante ver si los episodios internacionales vuelven a los inversores más cautos y piden un premio mayor por quedarse en pesos.
La economía argentina tiene la gran ventaja de que hoy algo así como la "niña mimada" de los inversores, que no dejan de mostrar su entusiasmo por el cambio de signo político y la nueva dirección que adoptó el Gobierno. Esto promete un interesante flujo de dólares que llegarían en los próximos meses. Pero del deseo a la realidad puede haber una distancia considerable, por lo que conviene estar alerta en las próximas semanas. |