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Por Daniel Fernández
Canedo - La inflación va ganando protagonismo como “el tema” a resolver en
materia económica después de la devaluación del 28% del peso de diciembre.
Y el gobierno, que aspira a que la suba de precios acumulada en el primer
trimestre del año no supere 9%, se prepara para vivir semanas movidas.
El ministro Alfonso Prat-Gay adelantó que en diciembre, según los datos que
maneja –ya que no hay un índice oficial– la inflación se ubicó entre 3% y 3,5%,
en uno de los saltos más importantes de los últimos tiempos.
Enero, que ya tuvo un adelanto con la suba de 6% de las naftas, podría repetir
el guarismo de diciembre y febrero podría dar un respiro antes del amenazante
marzo.
El retorno pleno a la actividad después de las vacaciones, el inicio de las
clases y un previsible retoque adicional para las naftas y el impacto que
podría generar el aumento de tarifas de luz y gas para una porción de los
usuarios que se ven beneficiados por los subsidios, volverían a hacer del
tercer mes al año un período inflacionariamente complicado.
Pero el dato relevante sería si después de abril la inflación comienza o no a
ceder posiciones.
Tanto en materia de suba de precios como de actividad, en el Palacio de
Hacienda vislumbran un 2016 partido en dos.
En inflación, arrancando con el mencionado pronóstico de 3,5% para enero y
aspirando a terminar en 1% mensual de suba en diciembre.
Prat-Gay ya anticipó su apuesta a que en el último mes del año la inflación
“anualizada” sea de 20 por ciento, bastante lejos de los pronósticos que los
privados están formulando para el año que comenzó.
Dos consultoras, Bein y Ecolatina, estiman que la inflación se ubicará entre
36% y 33% a lo largo de 2016.
Esos datos resultan clave para el inicio de las negociaciones salariales cuyo
puntapié inicial darán bancarios y trabajadores de la fruta y que, como es
tradicional, tendrá un punto sensible en la paritaria docente de la provincia
de Buenos Aires, clave para el inicio de clases el 29 de febrero.
“Les daremos batalla a las expectativas inflacionarias” dicen en Hacienda en la
preparación del clima para la mesa del diálogo a la que convocarían a mediados
de mes, pero que se iría construyendo de a poco y en función de la situación de
cada sector.
Un caso testigo sería el de la recomposición salarial de los camioneros de Hugo
Moyano.
El gobierno quiere que se ponga sobre la mesa la actualización de las escalas
que preparan para el Impuesto a las Ganancias, que afectó mucho a ese gremio, y
que podría representar por sí sola una mejora de 6 o 7 puntos anuales en el
ingreso de esos trabajadores.
El anuncio sobre el aumento de 5 por ciento promedio en los 300 productos que
tienen “precios cuidados” forma parte de la batalla de las expectativas que se
dio justo en el momento en que el dólar empezó a subir después del retroceso que
había tenido en los días posteriores a la devaluación.
El juego dólar-precios todavía está en un proceso de acomodamiento en el que
tanto el Gobierno como las empresas y los comercios actúan a prueba y error
para alcanzar un nuevo equilibrio.
El resultado de la liquidación de dólares de las cerealeras (según el Gobierno
se habían comprometido a liquidar US$ 4.000 millones hasta el 8 de enero y
habrían vendido poco más de la mitad) estaría indicando que esperaban un dólar
más cercano a los $ 15 que a los algo más de 13 pesos con que arrancó el
mercado después de la devaluación.
Aquel dólar de $ 13 le vino bien al Gobierno para aquietar la suba de precios
que venía envalentonada con la expectativa de que el dólar terminaría en $ 15
pero muchos habrían aprovechado ese envión para remarcar.
En las últimas horas el sentido fue el contrario: el Gobierno intenta aquietar
expectativas en el momento en el que el dólar trepa a $ 14 y empiezan a moverse
precios clave como los de los combustibles y se empezaría a correr el telón
sobre la necesidad de bajar los subsidios sobre las tarifas de luz, gas y
transporte.
El dólar se relaciona con los precios y la suba de precios, también con la
cantidad de pesos que hay en la economía y el fuerte déficit fiscal que heredó
el gobierno de Mauricio Macri.
Prat-Gay sabe que en 2016 es poco lo que podrá hacer para bajar un déficit
fiscal basado en un gasto público grande, pero que en sus dos terceras partes
resulta casi intocable por tratarse de sueldos, jubilaciones y planes asistenciales.
Por lo cual la reducción del déficit deberá provenir de un aumento de la
recaudación (muy difícil en una economía estancada y con presión tributaria
récord) o por la reducción de subsidios.
Esos subsidios representan 4% del PBI, según los números oficiales y la
“máxima” aspiración de Hacienda sería podarlos a la mitad quitándoselos a
sectores que hoy tienen capacidad de pago para hacer frente a un aumento de
tarifas.
El sendero es realmente estrecho: bajar el déficit pero sin subirle las tarifas
a los sectores más necesitados. En esa cornisa tratan de aquietar los precios
después de un aumento en el valor del dólar de casi 40 por ciento, al tiempo
que se encara una negociación salarial que contemple más la inflación futura
que la pasada.
El dato a favor es que la salida del cepo cambiario que regía desde octubre de
2011 se realizó en un contexto de notable tranquilidad. Pero llegó el tiempo de
reacomodar precios y tarifas a la nueva realidad y en ese escenario los
salarios buscarán no perder terreno.
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